Las dudas sobre el plan de Elon Musk de lanzar un millón de data centers al espacio

Parece una operación financiera efectista que podría generarle ingresos millonarios, en la medida en que pueda sostenerse en el tiempo. Una viabilidad económica incierta

Power banks on the left, and active servers are seen at a Digital Realty data center in Ashburn, Virginia on November 12, 2025. (Photo by ANDREW CABALLERO-REYNOLDS / AFP)
Cuesta creer que millones de servers vayan a ser instalados en el espacio exterior. (AFP -)

Con el correr de los días, va decantando el trasfondo del hecho de que Elon Musk haya informado que SpaceX –su empresa de cohetes– adquirirá la empresa de Inteligencia Artificial xIA que también es de su propiedad: las fusionará para enviar un millón de data centers a la órbita terrestre, dijo. Esto derivará en que SpaceX sea la empresa privada más valorizada del planeta: 1.250 millones de dólares. Pero a la hora de analizar las consecuencias reales de esa operación, surgen dudas que se evalúan a continuación

La acción fue explicada por la misma agencia aeroespacial en una entrada en su blog titulada “xAI se une a SpaceX para acelerar el futuro de la humanidad”. Allí el empresario destacó que este movimiento consistía en que la demanda global de electricidad para operar de manera masiva la IA no puede ser satisfecha por la vía de “soluciones terrestres”. Ergo, plantea trasladarlas a la órbita para que se alimenten de energía solar y no generen contaminación en la Tierra, algo que parece poco realista con las tecnologías actuales y los costos que implicaría.

La ambición

“A largo plazo, la IA basada en el espacio es obviamente la única forma de escalar” en términos productivos, consideró Musk, por lo que entiende que “la única solución lógica es transportar estos esfuerzos intensivos en recursos a un lugar con gran potencia y espacio. El espacio se llama ‘espacio’ por algo”, escribió de manera tautológica.

Esta no es la primera fusión entre las empresas de Elon Musk. En 2025 xAI adquirió la red social X –entonces Twitter– y desde entonces le agregó a la aplicación su chatbot Grok, que generó más problemas que soluciones.

“Esto marca no solo el siguiente capítulo, sino el próximo libro en la misión de SpaceX y xAI: escalar para hacer un sol consciente que comprenda el Universo y extender la luz de la conciencia a las estrellas“, escribió Musk en una especie de delirio megalómano.

La imposibilidad

El principal problema de la propuesta es su complejidad –por no decir imposibilidad– para ejecutarla. El millón de data centers –centros de almacenamiento de datos que acumulan el big data para alimentar la IA– que Musk quiere enviar al espacio, implican en cada caso un costo inmenso de traslado, mantenimiento y conexión permanente, que es muy superior a lo que costaría hacerlo en este planeta.

Estos dispositivos necesitan una refrigeración constante para funcionar, la cual se hace con una gran cantidad de agua, algo que ya evidencia la dificultad del plan, tanto económica como práctica. Desde el Imperial College de Londres, donde se enseña la convergencia en el espacio, la seguridad y las telecomunicaciones, algunos expertos explicaron que estos dispositivos fallan normalmente. Incluso puede haber errores hasta en la misma conexión de los aparatos en la órbita terrestre, por lo que la calidad del proyecto puede fallar incluso aunque toda la operativa previa haya resultado correctamente. Los expertos agregaron que la misma radiación solar podría convertirse más en un problema que una solución.

Suelo movedizo

Las empresas xAI y SpaceX no pertenecen solo a Elon Musk sino también a grandes inversionistas en acciones, quienes podrían perder confianza en este ambicioso proyecto y comenzar a venderlas, haciendo caer el valor de la nueva empresa fusionada a partir de un plan tan incierto.

Michael Sobel, presidente y cofundador de Scenic Management y asiduo inversor de SpaceX, advirtió tras la confirmación de la fusión que “se modificó el perfil financiero de la empresa de la noche a la mañana” y consideró que “la simplicidad suele ser la mejor opción”. Este empresario –que a la hora de invertir en IA eligió Anthropic y no xAI– reconoció que es una propuesta interesante que un “cerebro” de una IA avanzada componga el “cuerpo” del hardware más avanzado como los cohetes de SpaceX. Pero sembró algunas dudas: “esta fusión exige a los inversores una mayor investigación sobre cómo el gasto de efectivo de xAI afecta la valoración general de SpaceX”.

La mirada intelectual

Rodrigo Martin-Iglesias es diseñador, investigador y profesor universitario: su trabajo se sitúa en la intersección entre diseño, estudios de futuros y geopolítica. Y explicó a Página/12 que la fusión xAI–SpaceX “opera como un encadenamiento de especulaciones: primero, es una maniobra financiera que redistribuye y oculta pérdidas económicas presentes –sobre todo de la empresa de IA– bajo el paraguas de una estructura empresarial mayor; segundo, es una especulación tecno-ficcional que convierte escenarios narrativos lindantes con la ciencia ficción –data centers orbitales, computación solar, desterritorialización de la infraestructura– en instrumentos de legitimación comercial. Pero lo decisivo no es solo la secuencia: es la transformación de la promesa en garantía de supuestos negocios maravillosos basados en la confianza de Elon Musk. Esto es una relación social de delegación de fe de parte de los inversores hacia él, quien no consultó si ellos estaban de acuerdo: hay una proyección narrativa cuya principal función es obtener créditos y mantener la atención hacia una promesa que se niega a presentarse como comprobable hoy”.

–Estamos ante una perfecta tecno-ficción.

–Sí. Y cumple una función operativa: respalda la acumulación de riqueza por parte de Elon Musk. La imagen de la computación en órbita no se propone tanto como hoja de ruta ingenieril, sino como aval performativo que reduce las pérdidas actuales ante la expectativa de un gran retorno futuro muy difícil de concretar. Cuanto más épica la promesa, mayor su poder de convertir la tecno-ficción en activo financiero. La fusión instituye un régimen en el que la fe delegada en Musk legitima la tecno-ficción y representa la financiarización del futuro: un porvenir empaquetado como activo, donde la confianza se deposita en narraciones carismáticas y horizontes siempre desplazados. La promesa ya no es un medio para construir: es el producto final.

Los comentarios están cerrados.