Pese al desplome del consumo, la carne no baja en San Juan: las razones que explican el fenómeno
El consumo de carne vacuna atraviesa uno de sus peores momentos en décadas, pero los precios se mantienen estables. Un referente del sector en San Juan explicó por qué la menor demanda no logra traducirse en una baja de los valores y qué rol juegan la escasez de hacienda y las exportaciones.
La caída del consumo de carne vacuna se consolidó durante el primer semestre del año como una de las principales señales del deterioro del poder adquisitivo de los hogares. San Juan acompaña esa tendencia nacional, aunque con una particularidad que desconcierta a muchos consumidores: pese a que se vende menos carne, los precios no bajan.
El empresario del sector cárnico Sebastián Parra analizó el escenario local y aseguró que la provincia refleja la misma realidad que el resto del país, donde el consumo alcanzó su nivel más bajo de los últimos 30 años.
“La provincia no escapa a la media nacional porque el dato surge de la cantidad de cabezas de ganado faenadas en todo el país”, explicó.
De acuerdo con un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), entre enero y junio el abastecimiento del mercado interno cayó un 11,5% en comparación con el mismo período del año anterior. En ese lapso, el consumo aparente fue de 1.019.430 toneladas res con hueso, unas 132.000 toneladas menos que en el primer semestre de 2025.
Para Parra, el cambio resulta evidente.
“La carne siempre fue un emblema del país, un alimento que nunca faltó en la mesa porque era accesible. Hoy quedó fuera del alcance del salario promedio”, sostuvo.
¿Por qué la carne no baja si se consume menos?
En cualquier mercado, una reducción de la demanda suele generar una caída en los precios. Sin embargo, el negocio de la carne vacuna atraviesa una dinámica diferente.
Según explicó Parra, el valor del kilo se mantiene prácticamente estable desde marzo, luego de los fuertes aumentos registrados entre fines del año pasado y el verano.
“Los incrementos más importantes llegaron en diciembre, cuando Estados Unidos amplió su cupo de importación y aumentó la demanda de carne argentina. En ese momento pasamos de un kilo de media res que costaba alrededor de $6.500 a más de $9.000”, recordó.
A ese movimiento se sumó otro incremento durante febrero, cuando los frigoríficos exportadores intensificaron la compra de hacienda tras el cierre de nuevos negocios internacionales.
“El precio llegó a superar los $10.000 por kilo de media res, pero el mercado no lo convalidó y terminó acomodándose en torno a los $9.500, valor que se mantiene hasta hoy”, señaló.
Menos hacienda y más exportaciones
Para el empresario, existen dos factores que explican por qué la caída del consumo no alcanza para generar una baja en los mostradores.
El primero es la disponibilidad de ganado. Según indicó, el stock bovino nacional ronda actualmente los 50 millones de cabezas, una cifra inferior a la considerada necesaria para abastecer cómodamente tanto al mercado interno como al externo.
“Lo ideal sería contar con entre 60 y 61 millones de cabezas. Hoy hay menos hacienda disponible y eso sostiene los precios”, explicó.
El segundo factor es el crecimiento de las exportaciones, que continúa absorbiendo una parte importante de la producción nacional.
Durante el primer semestre, los envíos al exterior habrían alcanzado unas 408.600 toneladas res con hueso, un volumen que representa un incremento del 10,2% respecto del mismo período del año pasado.
Ese mayor nivel de exportaciones mantiene firme la demanda sobre la hacienda y evita que los valores retrocedan, aun cuando el consumo doméstico sigue en descenso.
Un consumo que no logra recuperarse
Mientras los precios permanecen prácticamente estables, las carnicerías buscan sostener las ventas mediante promociones y ofertas especiales para incentivar el consumo.
Sin embargo, desde el sector reconocen que el margen para una baja de precios es muy reducido.
Op: Juan Llarena
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