Más lluvias extremas por el calentamiento
Un estudio vincula la virulencia de los fenómenos meteorológicos con la crisis climática
El cambio climático provocado por la actividad humana intensificó las lluvias torrenciales que a comienzos de año dejaron más de 50 muertos y más de 200.000 evacuados en España, Portugal y Marruecos. Así lo concluye un informe de la red científica World Weather Attribution (WWA), que atribuye al calentamiento global un aumento sustancial en la intensidad de los episodios más extremos.
Según el estudio, los días más lluviosos en la región son hoy alrededor de un 30 por ciento más húmedos que en el clima preindustrial, cuando la temperatura media global era 1,3 grados menor. En el norte de Portugal y el noroeste de España, la intensidad de las precipitaciones extremas es aproximadamente un 11 por ciento mayor que en la era previa a la quema masiva de combustibles fósiles.
Entre el 16 de enero y el 17 de febrero, nueve tormentas sucesivas azotaron el Mediterráneo occidental con lluvias torrenciales y vientos huracanados. El fenómeno tuvo características inusuales por su persistencia: Europa occidental registró 16 tormentas rápidas en la temporada, en un contexto de alteración de las corrientes atmosféricas que, según parte de la comunidad científica, podría volverse más frecuente en un planeta más cálido.
En el sur de España, el caso paradigmático fue Grazalema, históricamente uno de los municipios más lluviosos del país. Allí cayó en pocos días el equivalente a un año entero de precipitaciones. El acuífero colapsó y el agua emergió por suelos, paredes e incluso enchufes eléctricos. Videos difundidos en redes sociales mostraron a vecinos rompiendo muros para drenar el agua y evitar que la presión estructural derrumbara las viviendas. Las autoridades ordenaron la evacuación total de amplias zonas.
“El volumen de agua fue asombroso”, explicó David García-García, climatólogo de la Universidad de Alicante y coautor del informe. El impacto sobre infraestructuras, rutas y suelos agrícolas fue inmediato y profundo.
En Portugal, la región de Leiria sufrió lluvias récord combinadas con vientos de hasta 176 kilómetros por hora registrados en la base aérea de Monte Real antes de que la estación quedara fuera de servicio. La tormenta Kristin dejó sin electricidad ni telecomunicaciones a miles de personas. Bomberos voluntarios de Vieira de Leiria reportaron decenas de intervenciones en 24 horas y al menos dos víctimas fatales en la zona de Carvide-Leiria, donde el colapso de una estructura provocó la muerte de un trabajador.
En Marruecos, la situación fue aún más grave en términos de víctimas. En Safi, capital cerámica del país, olas de barro arrasaron almacenes y anegaron el zoco. La mayoría de las 43 personas fallecidas desde mediados de diciembre murieron en las estrechas calles de la medina, atrapadas por la crecida súbita. Equipos de rescate debieron evacuar a residentes en pequeñas embarcaciones, en escenas que muchos testigos describieron como “irrealmente violentas”.
El informe de la WWA identifica dos factores meteorológicos clave: un sistema de alta presión “bloqueado” sobre Escandinavia y Groenlandia que canalizó sucesivas tormentas hacia Europa occidental, y aguas anormalmente cálidas en el Atlántico al oeste de la península ibérica que “sobrealimentaron” los frentes con mayor humedad. Un análisis preliminar de Climate Central estimó que la ola de calor marina que precedió a las tormentas fue diez veces más probable debido al calentamiento global.
Los investigadores no pudieron cuantificar con precisión el impacto del cambio climático en el sur de la península ibérica y el norte marroquí, donde los registros muestran tendencias mixtas. Sin embargo, otras líneas de evidencia apuntan a una atmósfera más cargada de vapor de agua –una consecuencia física directa del aumento de temperatura– que potencia la intensidad de las lluvias cuando se forman sistemas de tormenta.
“Así es como se manifiesta el cambio climático: patrones que antes eran manejables se convierten en desastres más peligrosos”, señaló Friederike Otto, climatóloga del Imperial College de Londres y coautora del trabajo.
La advertencia coincide con el último diagnóstico de la Agencia Europea de Medio Ambiente, que sostuvo que el continente no está avanzando al ritmo necesario en adaptación frente a eventos extremos. Las experiencias de Grazalema, Leiria o Safi exponen tanto la eficacia puntual de algunas evacuaciones como las falencias en alertas tempranas y planificación urbana.
Detrás de los porcentajes y los modelos probabilísticos queda una constatación empírica: en el Mediterráneo occidental, la combinación de océanos más cálidos y patrones atmosféricos alterados está amplificando los riesgos. Y aunque no todas las variables pueden atribuirse con exactitud matemática al calentamiento global, la señal es consistente: cuando llueve, llueve más. Y el margen de error humano para enfrentar esas lluvias es cada vez menor.
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op:checo murciano
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