El valor de mirar al otro: la cadena de solidaridad sanjuanina que trajo a “Nina” de vuelta a casa
Desapareció al mediodía en Chimbas y caminó varios kilómetros hasta Santa Lucía desorientada por el Alzheimer. Las redes se inundaron con su foto y un chofer de remís se convirtió en el héroe de la jornada.
En tiempos donde los celulares suelen usarse para aislarse del entorno, una mirada atenta y empática cambió el destino de una familia en San Juan. Josefa Gutiérrez, a quien todos llaman cariñosamente “Nina”, tiene 77 años y convive con el avance del Alzheimer. Este lunes al mediodía, en un pestañeo, se desorientó y se perdió en las inmediaciones de Ruta 40 y Benavídez, en el departamento Chimbas. Lo que siguieron fueron seis horas de un terror silencioso que, afortunadamente, terminó en un abrazo de alivio.
La desesperación de sus seres queridos activó un mecanismo que en la provincia suele funcionar con una efectividad asombrosa: la solidaridad vecinal digital. En pocos minutos, los grupos de WhatsApp y los muros de Facebook de miles de sanjuaninos se poblaron con el rostro de Nina. Sabían que el reloj corría en contra y que la bajada de la temperatura al caer la tarde sumaba peligro a la situación.
La caminata invisible
Mientras su foto se multiplicaba en las pantallas, Nina caminaba sin rumbo fijo. Cruzó los límites departamentales guiada por la lógica indescifrable de su condición. Caminó kilómetros enteros hasta aparecer en la zona de calles Balcarce y San Lorenzo, en pleno corazón de Santa Lucía.
Para cualquiera, era solo una anciana más caminando por la vereda. Pero para un remisero que transitaba por el lugar, esa fisonomía resultó familiar. El chofer, cuyo nombre no trascendió pero ya se ganó el cielo de la familia Gutiérrez, recordó la imagen que había visto en las redes sociales, frenó su vehículo y bajó.
No solo la reconoció; la contuvo con paciencia, la puso a resguardo y llamó de inmediato a los números de emergencia que recordaba de la publicación.
La importancia de la empatía: El Alzheimer borra los mapas mentales de quienes lo padecen. Una persona desorientada no suele pedir ayuda porque no sabe que está perdida. Por eso, el ojo entrenado del ciudadano común se convierte en la única línea de defensa.
El reencuentro y el agradecimiento
A pesar del desgaste físico de haber caminado durante horas bajo el sol y el estrés de la pérdida, las asistencias médicas constataron que la mujer se encontraba lúcida y en excelente estado de salud, sin lesiones.
Alrededor de las 18:30 horas, el calvario terminó. Con Nina ya abrigada y rodeada por los suyos, la familia utilizó los mismos canales virtuales para desactivar la búsqueda y dejar un mensaje que resume el sentir de una jornada intensa: “Muchas gracias a todos los que ayudaron y compartieron la información. Dios los bendiga y sigamos ayudándonos como ciudadanos, como en esta oportunidad”.
El caso de Nina no solo deja una sonrisa de domingo anticipada en la comunidad, sino que reabre un debate necesario sobre el cuidado de los adultos mayores con enfermedades neurodegenerativas y el rol crucial que jugamos todos como sociedad cuando alguien nos falta. Hoy, gracias a un remisero que decidió no mirar hacia otro lado, San Juan duerme en paz.
POR LIC. EUGENIA VILA

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