Máximo Kirchner y Axel Kicillof profundizan una disputa por el liderazgo del peronismo bonaerense

La interna enfrenta a ambos sectores por la conducción del espacio, el armado electoral y el rol de Cristina Kirchner en la definición de candidaturas

La disputa entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof por la conducción del peronismo y el control de las candidaturas expone una interna de menor escala que otros choques históricos del movimiento, en un escenario argentino dominado por el gobierno de Javier Milei, la centralidad del dólar y los cambios en el mundo del trabajo. Así lo afirmó en el analista político y escritor Martín Rodríguez.

Según detalló, la pelea se da dentro de un cuadro más amplio: el oficialismo, sostuvo, atraviesa crisis políticas sin pagar costos inmediatos porque conserva una herramienta de gobernabilidad en el control del dólar. A eso sumó la baja de la inflación, aunque aclaró que ese dato no describe una mejora general de la economía.

La confrontación entre Kirchner y Kicillof no responde al modelo clásico de interna peronista. La definió como una disputa más reducida, concentrada dentro del kirchnerismo y atravesada sobre todo por diferencias personales y por el control de las decisiones.

Para Rodríguez, ambos dirigentes comparten buena parte de su recorrido político. Por eso, sostuvo, las diferencias no remiten a programas de fondo ni a proyectos claramente contrapuestos, sino a quién conduce y quién define los acuerdos.

Martín Rodríguez sostuvo que la interna entre Kirchner y Kicillof se desarrolla dentro del kirchnerismo y no expresa diferencias de fondo sobre un programa políticoMartín Rodríguez sostuvo que la interna entre Kirchner y Kicillof se desarrolla dentro del kirchnerismo y no expresa diferencias de fondo sobre un programa político

La disputa se concentra en el control partidario y las candidaturas

El escritor comparó el conflicto actual con enfrentamientos previos del peronismo entre renovadores y verticalistas, entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde, o entre Néstor Kirchner y Duhalde. A su juicio, aquellas internas tenían otra densidad porque involucraban modelos de país, liderazgos territoriales y programas económicos.

También señaló que esas disputas históricas discutían asuntos nacionales desde el interior del peronismo y movilizaban sectores con presencia en distintas provincias. La pelea actual, en cambio, tiene menos territorio, menos ideología y menor espesor político.

Rodríguez sostuvo que Kicillof ganó peso durante el segundo mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner. Lo describió como una figura que intervino en la discusión económica y que mantuvo influencia durante la gestión de Alberto Fernández, en especial sobre decisiones de Martín Guzmán.

Máximo Kirchner habla en el acto para reivindicar a Cristina Kirchner a cuatro años del intento de asesinatoLa discusión sobre la lapicera resume la pelea por la selección de candidatos entre los sectores de Máximo Kirchner y Axel Kicillof

Sobre Máximo Kirchner, afirmó que busca apoyos doctrinarios en dirigentes identificados con el kirchnerismo original. Aun así, consideró que esa búsqueda no altera la naturaleza del conflicto porque no aparecen diferencias políticas de fondo entre los sectores enfrentados.

El punto central de la disputa, según el analista, es la relación con Cristina Fernández de Kirchner. En su lectura, la expresidenta busca conservar su papel de electora dentro del peronismo y mantener la capacidad de definir candidaturas y ordenar la estructura política desde su espacio de referencia.

Rodríguez mencionó al Instituto Patria y a San José 1111 como lugares asociados a esa centralidad. Para él, la discusión sobre “la lapicera” resume el conflicto por la selección de candidatos y por el control de los acuerdos internos.

También recordó que Cristina Fernández de Kirchner participó de manera directa en las elecciones de 2017 y 2019. Contrastó ese antecedente con la situación de Máximo Kirchner, cuyo liderazgo, señaló, no pasó por una competencia electoral propia.

Axel Kicillof y Sergio Ziliotto firman acuerdosEl conflicto por la conducción del peronismo bonaerense gira, según el análisis, en torno de quién define acuerdos y ejerce el control partidario

Massa como la última disidencia bonaerense con peso propio

En ese mapa interno, Rodríguez ubicó a Sergio Massa como la última figura que expresó una disidencia peronista con volumen propio en la provincia de Buenos Aires. Recordó su irrupción electoral de 2013, cuando el Frente Renovador puso en agenda temas como la seguridad y cambios en el impuesto a las ganancias.

Según su análisis, Massa representó entonces a sectores medios y populares del área metropolitana. Ese movimiento también reflejó, dijo, una concentración territorial del peronismo en el Área Metropolitana de Buenos Aires, con menos gravitación de liderazgos provinciales.

Con el tiempo, agregó, Massa redujo su margen de acción y pasó a cumplir un papel de articulador político. Lo describió como un dirigente dispuesto a dialogar con otros sectores y a intervenir en negociaciones que el resto del peronismo evita exponer.

Rodríguez vinculó esa autonomía con un esquema interno atravesado por el temor y el control político dentro del kirchnerismo. Según planteó, muchos dirigentes limitan sus movimientos para no entrar en conflicto con la conducción de Cristina Fernández de Kirchner.

Sergio Massa apareció en el análisis como la última disidencia bonaerense con peso propio dentro del peronismo de la provincia de Buenos AiresSergio Massa apareció en el análisis como la última disidencia bonaerense con peso propio dentro del peronismo de la provincia de Buenos Aires

Una eventual candidatura competitiva de Massa, precisó, dependería de cómo evolucione la interna y del respaldo directo de la expresidenta. Si el conflicto escala, advirtió, el peronismo puede perder capacidad para ordenar una alternativa electoral.

Malvinas, el dólar y el trabajo por aplicaciones ordenan el escenario político

Rodríguez definió a Malvinas como uno de los pocos consensos sociales y políticos de la Argentina. Señaló que la Constitución Nacional incorporó esa cuestión en 1994 y que el reclamo de soberanía reúne adhesiones incluso entre sectores que suelen mantener diferencias profundas.

A la vez, distinguió ese consenso de una ventaja electoral automática para el Gobierno. Sostuvo que una posición favorable al reclamo argentino sobre las islas no garantiza votos, aunque sí dificulta que sectores opositores rechacen una política estatal sobre el tema.

Como antecedente, recordó una convocatoria de Cristina Fernández de Kirchner en 2012 vinculada a la reimpresión del informe Rattenbach. Según relató, en ese acto participaron dirigentes de distintos espacios, entre ellos Patricia Bullrich.

Sobre Javier Milei, el analista afirmó que el Gobierno atraviesa crisis políticas sin costos inmediatos porque controla el dólar. Esa variable, insistió, se combina con una baja de la inflación que ayuda a sostener la situación política.

Rodríguez agregó que la expansión del trabajo por aplicaciones modificó la forma en que se atraviesan las crisis sociales. Comparó ese fenómeno con los movimientos de desocupados de 2001 y señaló que muchas personas hoy combinan tareas, horarios y empleos sin una relación laboral estable.

Ese cambio, en su lectura, alteró también la relación entre dirigencia y sociedad. El escritor sostuvo que la política argentina perdió parte de su carácter federal, aunque el país conserve esa estructura institucional.

Como prueba de esa distancia, recordó que Milei ganó en provincias donde no contaba con una organización electoral amplia. Atribuyó ese resultado a una dirigencia cada vez más alejada de la realidad social y a un peronismo que, según su planteo, necesita volver a discutir los problemas de la sociedad y no solo los conflictos entre sus dirigentes.

Fuente: INFOBAE

Por: G. Herrera

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