Un problema de salud silenciado, pero bien visible
En el pasado, el padecimiento era asociado a las poblaciones pobres del norte. Hoy se sabe que la distribución de la afección no obedece al estigma y que está presente en centros urbanos. Laboratorios locales diseñan vacunas.

Como cada 14 de abril, se conmemora el Día Mundial del Chagas, una enfermedad provocada por el parásito Trypanosoma cruzi, que en Argentina afecta a 1.300.000 personas. En el mundo, más de 13 millones la padecen y está distribuida en los territorios más variados, con casos en Europa, pero también en Australia o Japón. La mortalidad es más difícil de establecer, porque las estadísticas en Latinoamérica no están unificadas: hay estudios que señalan 12 mil muertes al año y hay otros que establecen el número en 25 mil. La mala noticia es que, por el momento, no existe una vacuna que ayude a combatirla y, por tanto, se ubica como un problema de salud pública global. La buena es que, a pesar del ajuste del Gobierno, los laboratorios argentinos ponen manos a la obra y producen avances significativos.
Durante largas décadas, el Chagas estuvo desatendido. Sencillamente, era una enfermedad que afectaba a los pobres y los laboratorios no estaban interesados en desarrollar curas. Para colmo, desarrollar una vacuna para parásitos no es tarea fácil: sus ciclos de vida son complejos y logran escapar con éxito de la respuesta inmune de las personas. Con el paso del tiempo, la ciencia y la vigilancia epidemiológica contribuyeron a modificar su comprensión. Si bien en el pasado se creía que, en Argentina, solo afectaba a quienes vivían en el norte rural, en el presente se sabe que no es así.
En este sentido, se calcula que aproximadamente la mitad de las personas que la padecen viven en Ciudad Autónoma y Provincia de Buenos Aires. En la actualidad, la principal forma de transmisión es vertical: durante el embarazo o el parto, la madre la transmite a su hijo; o bien, en trasplantes (de órganos ya infectados) o más comúnmente, a través de transfusiones de sangre.
Roberto Agüero, integrante de la División Cardiología en el Hospital de Clínicas de la UBA, brinda precisiones sobre la efeméride a Página 12: “El Día Mundial de la Enfermedad de Chagas se celebra el 14 de abril con el fin de concientizar sobre esta enfermedad desatendida. La fecha fue elegida en función del primer diagnóstico en humanos de la patología. El día se celebró por primera vez el 14 de abril de 2020, tras la aprobación y el respaldo recibido en la 72.ª Asamblea Mundial de la Salud”.
Desde la Organización Panamericana de la Salud, llamaron a fortalecer las respuestas de los Estados de la región. Jarbas Barbosa, director de la OPS, señaló: “La eliminación de la enfermedad de Chagas como problema de salud pública requiere situar a las mujeres en el centro de las estrategias de diagnóstico, tratamiento y atención“. Y completó: “Garantizar el acceso oportuno a servicios de salud de calidad, particularmente para mujeres en edad fértil, es fundamental para prevenir nuevas infecciones y avanzar hacia la eliminación del Chagas congénito en la región de las Américas”.
El mal en puntitas de pie
La enfermedad es causada por el parásito Trypanosoma cruzi, cuyo vector es la vinchuca. Comúnmente afecta al corazón, pero también al esófago, el colon y el sistema neurológico. De todos los efectos que provoca el Chagas en el organismo, uno de los principales es la miocarditis chagásica crónica (MMC). En otras palabras, se produce un agrandamiento del corazón, que puede conducir a una falla funcional, insuficiencia cardíaca y muerte súbita. El principal inconveniente para los pacientes es que logran identificar el cuadro 15 o 30 años después de producida la infección por parte del parásito.
Un dato a tener en cuenta: si se concibe que la población con mayor prevalencia de MCC es la que tiene entre 30 y 40 años, se puede inferir que la mayoría de las infecciones sucede durante la niñez. Es como si el parásito se desplazará en puntitas de pie al interior del organismo sin llamar mucho la atención. Una vez que ataca, su acción puede ser contundente.
La enfermedad tiene esencialmente dos fases: aguda (durante los primeros tres meses) y crónica. Esta última se divide en “indeterminada”, en la que no hay síntomas aparentes, y “sintomática”, cuando aparecen las complicaciones que afectan al músculo cardíaco. En la actualidad, existen dos medicamentos (benznidazol y el nifurtimox) que pueden funcionar para tratar el Chagas. Se trata de antiparasitarios de efectividad probada, desde hace más de medio siglo. El único inconveniente es que, si bien resulta un esquema muy adecuado para la fase aguda, en los casos crónicos, reduce su éxito.
Vacuna local: sobran ideas, faltan fondos
Por el momento, diferentes laboratorios argentinos han realizado avances en el diseño de plataformas vacunales contra el Chagas. Por un lado, el Instituto de Inmunología Clínica y Experimental de Rosario, liderado por la investigadora del Conicet Ana Rosa Pérez, avanza en una vacuna de tipo recombinante, es decir, no tiene al patógeno entero (sino solo un fragmento derivado del parásito), no genera la infección y además es fácil de producir y barata. La novedad es que, al ser de suministro nasal, confiere una protección extra en la mucosa, que constituye la entrada natural del parásito en el organismo.
Otra opción es desarrollada desde el Laboratorio de Tecnología Inmunológica de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que conduce Iván Marcipar. A diferencia de la anterior, que es de carácter profiláctica (para prevenir la afección), esta opción está pensada para ser inoculada en pacientes que ya tengan la enfermedad en su fase crónica.
Hay un aporte más que tiene como protagonistas a investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y del Conicet. Se trata de un agente vacunal que apunta a favorecer la prevención de la enfermedad. La eficacia del compuesto fue probada en modelo animal, y generó una respuesta inmune capaz de neutralizar la infección.
Emilio Malchiodi, profesor de Inmunología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA) e investigador del Conicet, brinda detalles al respecto: “En el desarrollo de la vacuna se analizó lo que llamamos inmunogenicidad en tres especies animales, con muy buenos resultados. Además, se estudió la capacidad de protección de la inmunización y se observaron resultados muy positivos en ratones y perros“. Y continúa: “Por otro lado, se produjo la proteína con calidad apta para su uso en humanos, pero actualmente no contamos con los fondos necesarios para llevarla a cabo. Estamos buscando financiamiento internacional, ya que necesitamos 4.500.000 euros para avanzar. No es un problema de tiempo, sino de fondos”.
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