Primavera en alerta: los secretos de la UNSJ para blindar los cultivos contra el golpe de las heladas tardías
La provincia atraviesa su etapa más crítica para la producción de vides, frutales y olivos. Desde el impacto de las horas de frío invernal hasta las herramientas activas y pasivas disponibles, un especialista detalla cómo minimizar el daño en una temporada cada vez más impredecible.
San Juan ingresa de lleno en las semanas más delicadas de su calendario agrícola. Entre la segunda quincena de agosto y los meses de primavera, la provincia se enfrenta al riesgo latente de las heladas tardías, un fenómeno meteorológico capaz de arruinar una campaña productiva entera en cuestión de horas.
En este escenario, Cristian Albors, docente de climatología agrícola en la carrera de Ingeniería Agronómica de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), detalla los factores que determinan la vulnerabilidad de las plantas y las estrategias reales que los productores tienen a su alcance.
Una brotación marcada por el invierno
El comportamiento de vides, frutales y olivos frente al frío se gesta meses antes. La calidad de la futura brotación depende directamente de las horas frío acumuladas durante el periodo de reposo invernal.
Sin embargo, este año el proceso se alteró debido a temperaturas diurnas inusualmente altas desde la segunda mitad de julio. Según Albors, el registro promediaba entre 650 y 700 horas frío hacia mediados de agosto, una cantidad justa que podría no ser la ideal para una brotación pareja.
Mientras los almendros ya iniciaron su floración por requerir menos frío, cultivos de gran peso económico como el pistacho, los frutales de carozo y ciertas variedades de vid todavía se encuentran a tiempo de completar sus necesidades.
El peligro del tejido joven
Las heladas tardías —definidas técnicamente como aquellas registradas después del 15 de julio— provocan daños severos porque coinciden con el inicio de los procesos vegetativos. Al descender la temperatura por debajo de los cero grados, el agua presente en el interior de los brotes y flores jóvenes se congela, rompiendo y destruyendo las células de la planta.
El riesgo no afecta por igual a todos los valles ni a todas las variedades. Aquellas de brotación temprana (como las uvas Flame o Superior destinadas a mesa y pasas) quedan expuestas de inmediato en zonas primicias como Pocito o Albardón. En la vereda opuesta, especies como la cereza o la variedad Pedro Giménez logran escapar parcialmente del peligro al brotar de manera más tardía, ya entrado octubre.
Métodos de defensa: activos y pasivos
Para combatir el descenso térmico, los productores disponen de dos grandes líneas de acción:
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Métodos activos (inversión en energía):
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Calefacción con quemadores: Es el sistema más tradicional en San Juan, utilizando habitualmente residuos de poda. Exige personal en las fincas durante la madrugada.
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Ventiladores: Muy adoptados en nuevas plantaciones de pistacho. Mezclan el aire frío del suelo con el templado superior y permiten la activación remota mediante alarmas.
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Riego por aspersión: Aprovecha el calor liberado al congelarse el agua sobre el cultivo, aunque su uso en la provincia es minoritario debido a la escasez hídrica.
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Métodos pasivos (prácticas culturales de bajo costo):
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Suelo desnudo: Mantener la tierra libre de malezas y compactada permite que absorba mejor el calor solar durante el día y lo libere gradualmente por la noche.
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Riego anticipado: Humedecer el terreno días antes de la helada ayuda a que la temperatura baje de forma mucho más lenta hacia el amanecer.
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El manejo posterior y los desafíos locales
Cuando la helada ya causó estragos, la recomendación técnica es aguardar a que el daño se manifieste por completo, cuantificarlo y evaluar si la intervención financiera vale la pena. En cultivos con capacidad de rebrote como la vid, resulta fundamental sostener la planta con riego y fertilización adecuada para asegurar la campaña del año siguiente, evitando que el impacto se prolongue innecesariamente.
Finalmente, a nivel estructural, el especialista subraya que el gran desafío de San Juan no pasa por la falta de datos meteorológicos —ya que existen múltiples redes de medición—, sino por transformar esos datos en información útil para la toma de decisiones, adaptándose a un contexto de escasez hídrica y energética.
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