Murió Vanessa Rial, la abogada que logró que su exmarido fuera condenado a 37 años de cárcel
Había sobrevivido a un cautiverio de extrema violencia ejercida por su expareja. Pudo transformar ese dolor en acompañamiento para otras víctimas. Sin embargo, falleció en un contexto de absoluta precariedad.
Antes de morir en el día de ayer, Vanessa fue víctima del sistema dos veces. Primero cuando fue torturada, violada y sometida a las peores vejaciones por parte de su exmarido, el mismo que violó a sus hijas. En 2017, tras lograr llevar a la prisión a su agresor por 37 años en la ciudad de La Plata, la abogada y defensora a ultranza de mujeres víctimas de violencia de género enfrentaba, en el último tiempo, serios problemas económicos. No tenía una vivienda y había recurrido a distintos paradores y pensiones de la ciudad. Luego de su muerte, su madre quedó en situación de calle y fue auxiliada provisoriamente por una empleada judicial que la aloja en su casa.
Sueño truncado
“Quiero seguir trabajando y tal vez formar una familia en el futuro. Creo que voy a poder. Porque si pude superar todo esto…”. Así se manifestaba Vanessa Rial minutos antes de que el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de La Plata dictara una condena ejemplar contra su exmarido. Ese día, los jueces Juan José Ruiz, Carmen Palacios Arias y María Isabel Martiarena impusieron una pena de 37 años de prisión al acusado, encontrándolo culpable de abusar de sus dos hijas cuando eran menores de edad, además de secuestrar, golpear y violar a Rial.
Martínez Poch facilitó y promovió la corrupción de sus hijas M. J. y M. P. Martínez A., menores de edad (desde los 7 y 6 años hasta los 15 y 14 años), realizando en forma constante actos de vejación, violencia física, moral y psicológica, coacción y humillación, dentro de un marco de perversión sexual.
Martínez Poch asesinó lentamente a Vanessa durante años. Según consta en la sentencia, Vanessa le había manifestado a un testigo que hacía todo lo posible para que ella no ejerciera su profesión, que la golpeaba brutalmente y después la sedaba y la dormía, que no podía ir a trabajar y que la amenazaba con tirarla del balcón del edificio. Inclusive, un día la tiró de la moto en marcha y su cabeza pegó contra el cordón de la vereda.
“El día que más dolor tuve fue el de las uñas, él me dijo que mis uñas eran feas, me metió un montón de pastillas en la boca y me inyectó. Me daba bebidas y trajo una tenaza y me arrancó las uñas de los dedos gordos. Me tiraba lavandina, siempre con lavandina, me tuvo dos días vendada en los dedos del pie, estuve como un mes que no me podía calzar”, narró Rial una y mil veces para que el padre de sus hijas fuera preso.
Hoy, mientras la familia de una de las referentes más importantes del país en materia de defensa de las mujeres despide los restos de Vanessa, Martínez Poch cumple su condena con asistencia a la salud y comida.
fuente: pagina 12
op: checo murciano
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