El consumo se parte en dos: crecen las marcas premium y se derrumban los productos masivos

Mientras una parte de la población mantiene e incluso mejora su poder de compra, millones de hogares ajustan gastos y migran hacia segundas marcas. En supermercados ya hablan de una nueva lógica de precios impulsada por la caída de la demanda.

El mapa del consumo en la Argentina atraviesa una transformación profunda. La pérdida de poder adquisitivo en amplios sectores sociales modificó los hábitos de compra y generó una fuerte segmentación en las góndolas: mientras los productos premium sostienen ventas dinámicas, las marcas masivas y tradicionales registran una caída persistente.

En el sector supermercadista describen este fenómeno como un “consumo dual”, una realidad donde conviven dos velocidades económicas completamente distintas. Por un lado, consumidores con ingresos atados a la inflación o al dólar continúan adquiriendo productos de alta gama; por el otro, familias golpeadas por la pérdida salarial buscan alternativas más baratas y reducen compras esenciales.

La tendencia comenzó a profundizarse tras el deterioro de los ingresos reales registrado desde fines de 2023. Aunque el retroceso salarial afectó a gran parte de los trabajadores, el impacto fue desigual. Los empleados públicos, jubilados y sectores vinculados a la construcción o la industria aparecen entre los más perjudicados, mientras que algunos segmentos del empleo privado lograron amortiguar la caída.

En este escenario, las empresas de consumo masivo modificaron sus estrategias comerciales. Fuentes del sector reconocen que los aumentos de precios ya no se distribuyen de manera uniforme: los productos premium absorben subas más pronunciadas, mientras que los artículos de mayor consumo popular mantienen precios contenidos por falta de demanda.

La lógica recuerda a antiguos esquemas de control informal de precios, aunque ahora el límite no lo fija el Estado sino el propio mercado. “Los productos masivos dejaron de tolerar aumentos porque directamente no salen”, admiten desde una firma alimenticia.

Al mismo tiempo, supermercados y autoservicios observan un crecimiento sostenido de las segundas y terceras marcas, que ganan espacio frente a las etiquetas históricas. La prioridad de muchos consumidores pasó a ser exclusivamente el precio, incluso resignando hábitos de consumo consolidados durante años.

Analistas privados también advierten que el aumento del gasto en servicios —como tarifas, transporte y alquileres— redujo el dinero disponible para alimentos, bebidas y artículos de higiene. El impacto resulta especialmente fuerte en zonas urbanas de ingresos medios y bajos, donde el ajuste de los hogares se volvió más severo.

La postal actual refleja una ruptura cada vez más visible: mientras algunos carritos incorporan productos importados y líneas premium, otros reemplazan primeras marcas por opciones económicas o directamente reducen cantidades. En el centro de esa tensión aparece una clase media que pierde capacidad de consumo y redefine día a día sus prioridades.

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