Después de más de ocho décadas de actividad industrial, la histórica fabricante de neumáticos Fate anunció el cierre definitivo de su planta en Virreyes, partido de San Fernando, y el despido de sus 920 empleados. La empresa confirmó que avanzará con la liquidación total de su negocio y el pago de indemnizaciones, proveedores y obligaciones financieras.
Propiedad de la familia Madanes Quintanilla, la compañía informó a través de un breve comunicado del Directorio que “los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente”, sin precisar en detalle los motivos de la decisión. Sin embargo, fuentes cercanas a la firma fueron categóricas: “Es un cierre definitivo. Se le paga a todo el mundo lo que corresponde y se baja la persiana”.
La planta de San Fernando, con más de 157.000 metros cuadrados en un predio de 40 hectáreas, tenía capacidad para producir más de cinco millones de neumáticos al año y supo posicionarse como pionera en la fabricación de cubiertas radiales, con exportaciones a Europa, Estados Unidos y América Latina.

Una crisis que se profundizó
Fundada en 1940 como Fábrica Argentina de Telas Engomadas, Fate arrastraba problemas de rentabilidad desde hace décadas. En el sector aseguran que la fuerte suba de importaciones, especialmente de cubiertas provenientes de Asia, terminó por agravar una situación estructural delicada.
Solo en mayo de 2025 ingresaron al país más de 860.000 neumáticos importados, la cifra mensual más alta en más de veinte años. Esta competencia obligó a los fabricantes locales a reducir precios hasta un 15%, erosionando aún más los márgenes de rentabilidad.
En mayo de 2024, la empresa ya había despedido a 97 trabajadores, alegando “pérdida sostenida de competitividad exportadora”. En aquel momento, apuntó contra la presión impositiva, las restricciones cambiarias, los sobrecostos laborales y la conflictividad gremial.
Conflictos y tensiones gremiales
El sector del neumático fue escenario en 2022 de un extenso conflicto sindical que paralizó durante semanas la producción de las tres grandes fabricantes radicadas en el país: Fate, Pirelli y Bridgestone.
En ese contexto, el presidente de la compañía, Javier Madanes Quintanilla, había cuestionado con dureza la situación gremial y la definió como un escenario que impedía producir con normalidad. El empresario, que también preside Aluar, no realizó declaraciones públicas tras el anuncio del cierre.
Meses atrás, durante una visita a la planta por el Día de la Industria, la vicepresidenta Victoria Villarruel protagonizó un momento tenso con dirigentes sindicales que advertían sobre el impacto de la apertura importadora en el empleo.
El fin de una marca histórica
El cierre de Fate marca el final de una de las empresas industriales más emblemáticas del país. Durante 80 años, la firma generó miles de puestos de trabajo, desarrolló proveedores locales y sostuvo presencia en mercados internacionales.
Su salida reabre el debate sobre el futuro de la industria nacional, la competitividad frente a productos importados y el impacto de las políticas comerciales en el entramado productivo argentino. Mientras tanto, 920 familias quedan a la espera de la liquidación final y el inicio de una nueva etapa, en un escenario económico todavía incierto.
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