Dificultades al adquirir y usar el lenguaje

La intervención temprana ayuda a los chicos a desarrollar herramientas para comprender, expresarse y participar en la escuela y en la vida cotidiana.

Lenguaje El 7% de los chicos tiene problemas para entender y expresarse. Redes Sociales

No es solo que habla poco: le cuesta organizar las frases, aprender palabras nuevas, entender lo que se le dice o contar algo en orden. La fonoaudióloga Verónica Maggio asegura que esto puede ocurrir aunque el niño oiga bien, tenga un desarrollo cognitivo esperable y viva en un entorno que lo estimula. El trastorno en el desarrollo del lenguaje (TDL) “es una condición que afecta al 7 por ciento de los niños. Cada vez se reciben más consultas por dificultades en la comunicación. En un aula de 30 chicos, entre 2 y 3 presentan este trastorno”, asegura.

“No presta atención”, “es tímido”, “ya va a hablar”. Detrás de estas interpretaciones puede haber una dificultad que pasa inadvertida: el trastorno del desarrollo del lenguaje, una condición del neurodesarrollo que afecta la adquisición y el uso del lenguaje. Puede comprometer la comprensión, la expresión o ambas, e involucrar el vocabulario, la construcción de oraciones y la capacidad para organizar un relato.

Entre las señales de alerta se encuentran que, a los 18 meses, el niño no diga palabras o no señale para pedir o mostrar; que, a los dos años, tenga menos de cincuenta palabras o no combine dos, como “más agua” o “mamá, vení; y que, a los tres años, los adultos ajenos a la familia casi no comprendan lo que dice o que hable con frases muy cortas y desordenadas. También conviene prestar atención si le cuesta entender consignas simples sin apoyo de gestos o si se frustra mucho, se enoja o se aísla cuando no logra hacerse entender. Los antecedentes familiares de dificultades del lenguaje o de la lectoescritura son otro factor que debe tenerse en cuenta.

Estos indicadores no constituyen por sí solos un diagnóstico, pero permiten advertir la necesidad de una evaluación profesional. Las manifestaciones y los grados de dificultad varían en cada niño. Por eso, la detección temprana es fundamental: permite comprender sus necesidades y planificar estrategias de intervención acordes con su perfil.

Aprender sin quedar afuera

La psicopedagoga María Eugenia Daverio sostiene que, en los niños con trastornos del lenguaje, las dificultades para adquirir la lectoescritura pueden tener un impacto significativo, especialmente cuando la escuela exige resultados académicos homogéneos sin haber identificado la raíz del problema.

“Se les pide que aprendan y resuelvan tareas en las mismas condiciones que sus pares, aunque enfrentan dificultades que requieren apoyos específicos. Por más que se esfuercen, esa intención no siempre se traduce en logros ni en reconocimiento académico”, explica.

Cuando la exigencia se sostiene sin que lleguen los resultados esperados, la comparación con otros puede llevarlos a internalizar ideas como “no soy tan inteligente”, “no soy capaz” o “yo no puedo”, que afectan su autoestima.

Para acompañarlos y garantizar su aprendizaje y su participación sin exclusión, es necesario trabajar de manera integral y coordinada. Daverio explica que las configuraciones de apoyo y las adaptaciones de acceso son herramientas que favorecen la accesibilidad cognitiva. El objetivo es identificar y abordar las barreras que presenta el entorno.

La especialista recuerda que cada niño es un sujeto de derecho y que debe garantizarse su participación en igualdad de condiciones, cuidando especialmente su inclusión social. Entre las estrategias que pueden implementarse en la escuela, menciona las imágenes, los pictogramas y las agendas visuales.

Los apoyos visuales son una gran herramienta porque la imagen permanece, mientras que la palabra hablada es transitoria. Según Daverio, estos recursos permiten volver a lo concreto, a aquello que el niño puede ver.

“También es importante respetar el tiempo que necesita para procesar la información y formular una respuesta, sin adelantarse ni completar constantemente sus frases, algo que suele ocurrir cuando al adulto le cuesta esperar”, señala.

Otra estrategia es segmentar la información y dar consignas simples, de a una. Para comprobar que el niño comprendió, en lugar de preguntarle “¿entendiste?”, se puede decir: “¿Qué tendrías que hacer?”.

El acompañamiento en casa

Maggio explica que, para acompañar a los chicos con dificultades del lenguaje, es importante darles tiempo para responder, sin apurarlos ni completar sus frases. En lugar de corregirlos de forma directa, se puede ofrecer el modelo correcto con naturalidad: si dicen “yo tení un perro”, responder “¡Ah, tenías un perro!”.

También ayuda hablarles con frases claras y cortas, mirándolos y apoyándose en gestos, imágenes o rutinas visuales. Las consignas deben darse de a una y es importante comprobar que las comprendieron.

“El intento de comunicarse debe valorarse más que la perfección, y conviene evitar responder por ellos: se los puede ayudar a construir una respuesta, pero la voz debe seguir siendo la del chico. Para sostener este acompañamiento, la escuela, la familia y el profesional tratante necesitan trabajar en equipo, con estrategias comunes y las adaptaciones que hagan falta”, asegura.

Maggio distingue el TDL de lo que ocurre con algunos chicos considerados “hablantes tardíos”: empiezan a hablar más tarde, pero luego avanzan y alcanzan a sus pares.

Las pantallas y el lenguaje

El uso excesivo de pantallas también merece atención, aunque los retrasos del lenguaje asociados a esa exposición no deben confundirse con el TDL. Maggio advierte que el uso excesivo de la tecnología puede acompañarse de dificultades para sostener la atención en textos largos, una lectura más superficial, menos oportunidades de ampliar el vocabulario y conversaciones fragmentadas.

“No es un trastorno, pero sí es un efecto real sobre cómo usamos el lenguaje, y en muchos casos se revierte recuperando hábitos como leer, conversar cara a cara y escribir con más extensión”, explica.

En los chicos pequeños, señala, la situación requiere especial atención: “La exposición excesiva a pantallas en los primeros años se asocia con retrasos en el lenguaje, sobre todo porque reemplaza la interacción con adultos, que es lo que realmente ayuda a desarrollar el lenguaje”.

Detectar las dificultades y ofrecer los apoyos adecuados permite que el esfuerzo de un chico encuentre una respuesta. En la escuela y en casa, darle tiempo, escucharlo y ayudarlo a comunicarse también es garantizar su participación.

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