El INTA y la UNSJ alertan sobre los riesgos climáticos y sanitarios para los viñedos de San Juan
Especialistas del INTA y la Universidad Nacional de San Juan advirtieron que el fenómeno de El Niño podría generar condiciones desfavorables para la producción vitivinícola durante la temporada 2026-2027. Recomendaron anticipar los controles sanitarios para evitar pérdidas en las cosechas.
La producción vitivinícola de San Juan enfrenta un escenario de incertidumbre ante las condiciones climáticas previstas para los próximos meses. Las posibles lluvias intensas, las enfermedades que afectan a la vid y las consecuencias de las fuertes heladas registradas durante septiembre encendieron las alarmas entre especialistas y productores, que buscan anticiparse a una temporada considerada particularmente exigente.
En este contexto, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) realizaron una jornada de capacitación destinada a productores, técnicos y representantes del sector, con el objetivo de fortalecer las estrategias de prevención y reducir los riesgos sobre los cultivos.
La actividad se desarrolló en la sede de la Unidad Integrada INTA-UNSJ, ubicada en calle 11 y Vidart, donde especialistas analizaron el comportamiento histórico del clima, las principales enfermedades de la vid y los efectos que las bajas temperaturas ya provocaron en distintas zonas productivas.
Uno de los principales puntos de preocupación está relacionado con el fenómeno de El Niño, que, según explicó el ingeniero agrónomo Cristian Albors, presenta una evolución hacia una categoría de intensidad muy fuerte. Sin embargo, aclaró que sus consecuencias no pueden trasladarse automáticamente a los valles sanjuaninos, debido a las características geográficas de la provincia.
El especialista señaló que San Juan se encuentra en una zona de transición climática, por lo que resulta difícil anticipar con precisión la cantidad de precipitaciones que podrían registrarse durante el verano.
De acuerdo con un análisis de los registros meteorológicos comprendidos entre 1990 y 2025, el Valle de Tulum recibe un promedio anual de 92 milímetros de lluvia. De ese total, aproximadamente el 60% se concentra entre diciembre y febrero, precisamente cuando los viñedos atraviesan etapas fundamentales para el desarrollo y la maduración de los racimos.
Febrero aparece como el mes de mayor preocupación, con un promedio histórico de 22 milímetros de precipitaciones y antecedentes de episodios extremos que complicaron las tareas de cosecha.
Albors recordó que durante 2014 se registraron 159 milímetros de lluvia en apenas tres días consecutivos de febrero, una situación que generó importantes dificultades para ingresar a las fincas y realizar los trabajos agrícolas.
No obstante, explicó que los antecedentes de otros episodios intensos de El Niño muestran que el fenómeno no necesariamente incrementa el volumen total de precipitaciones en San Juan, sino que puede modificar su distribución y concentrarlas en períodos más cortos.
Las enfermedades que amenazan a los viñedos
Otro de los temas centrales de la capacitación fue el riesgo sanitario asociado con el aumento de la humedad.
El ingeniero agrónomo Jorge Lafi, especialista en Fitopatología, identificó tres enfermedades que requieren especial atención durante la temporada: peronóspora, oídio y podredumbre de racimos.
La peronóspora es una de las principales amenazas cuando se combinan precipitaciones, temperaturas moderadas y elevada humedad. Puede provocar manchas en las hojas, pérdida de follaje y daños en los racimos, con consecuencias directas sobre el rendimiento de los viñedos.
El oídio, por su parte, es una enfermedad que aparece habitualmente en los cultivos sanjuaninos y puede afectar tanto las hojas como los frutos. En determinadas etapas del desarrollo, provoca rajaduras en las bayas y perjudica especialmente la calidad comercial de la uva destinada al consumo en fresco.
En tanto, la podredumbre de racimos representa un riesgo importante durante las semanas previas a la cosecha. Además de ocasionar pérdidas productivas, puede afectar las características de la uva utilizada para elaborar vinos y pasas.
Frente a este panorama, los especialistas insistieron en la necesidad de realizar controles preventivos, mejorar la ventilación de los parrales, monitorear permanentemente las condiciones meteorológicas y planificar las aplicaciones fitosanitarias antes de que se produzcan las infecciones.
También advirtieron que las lluvias pueden impedir el ingreso de maquinaria a las fincas durante varios días, lo que dificulta intervenir en el momento adecuado.
Las heladas de septiembre también dejaron consecuencias
A las preocupaciones por las lluvias se suman los efectos de las bajas temperaturas registradas durante septiembre, cuando algunas zonas productivas soportaron heladas de hasta siete grados bajo cero.
La especialista en Viticultura Beatriz Pugliese explicó que el frío provocó daños en yemas, brotes y estructuras de las plantas, especialmente en variedades de desarrollo temprano.
Entre las consecuencias detectadas se encuentran racimos con problemas de formación, bayas pequeñas o deformadas, muerte de yemas y daños en tejidos vegetales.
La profesional advirtió que estas alteraciones no necesariamente se limitan a la producción actual, ya que durante esta etapa también comienzan a desarrollarse las estructuras que darán origen a los racimos de la próxima cosecha.
Por ese motivo, un daño importante en la planta podría tener consecuencias tanto en la temporada 2026-2027 como en el siguiente ciclo productivo.
Además, las temperaturas primaverales inferiores a las habituales pueden generar alteraciones nutricionales que, en algunos casos, presentan síntomas similares a los de determinadas enfermedades. Por ello, recomendaron realizar análisis de tejidos antes de modificar los programas de fertilización.
Piden anticiparse para evitar pérdidas económicas
Durante el encuentro, los especialistas coincidieron en que la prevención será determinante para atravesar los próximos meses sin comprometer la producción.
Entre las recomendaciones se destacaron el seguimiento de los pronósticos, la revisión y calibración de equipos de aplicación, el control de enfermedades y plagas, y el manejo adecuado del riego y la fertilización.
También remarcaron la importancia de prestar atención a la polilla de la vid y a la cochinilla, dos plagas que pueden generar daños adicionales y favorecer el desarrollo de enfermedades.
La preocupación adquiere especial relevancia en San Juan, donde la vitivinicultura constituye una de las principales actividades agrícolas y representa una fuente de trabajo e ingresos para numerosos productores y establecimientos industriales.
Si bien todavía no es posible determinar con certeza cómo se comportarán las lluvias durante el verano, los antecedentes climáticos y los daños provocados por las heladas obligan al sector a extremar las medidas de prevención.
El mensaje de los especialistas fue claro: la temporada 2026-2027 podría presentar importantes desafíos para los viñedos sanjuaninos y la planificación anticipada será fundamental para proteger la calidad de la uva y reducir posibles pérdidas productivas.
Rivero. C
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