Personas en situación de calle: científicas aportan nuevos datos para revertir el problema
Un equipo de la UCA recupera la voz de quienes pasan sus días y sus noches a la intemperie. Los orígenes de la desdicha, los vínculos con los consumos problemáticos y la esperanza en revertir el fenómeno.

La situación de calle es un problema para muchas personas en Argentina. Según informa el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la población en estas condiciones asciende a 5176 y a nivel nacional, el Ministerio de Capital Humano releva un total de 9421, distribuidas en 19 provincias (el resto de las jurisdicciones no aportó datos). En este marco, desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, un equipo de investigación publicó un documento que estudia el fenómeno desde una perspectiva integral.
Milagros Dolabjian y Solange Rodríguez Espínola son las investigadoras a cargo del trabajo que explora cómo viven las personas en situación de calle de larga permanencia. En efecto, buscan saber cómo afrontan esa vulnerabilidad social extrema que las aleja, incluso, del acceso a los derechos humanos más esenciales.
Bajo esta premisa, uno de los principales hallazgos reside en lo que las científicas definen como “puerta giratoria institucional”. “Las personas no solo ‘caen en la calle’, sino que reiteradamente van intercalando apariciones en paradores, centros hospitalarios y cárceles. Así se consolida un circuito de caídas y recaídas del que resulta muy difícil salir”, indica Dolabjian, psicóloga y becaria doctoral del Conicet.
La propuesta, en este marco, según relata el informe, fue estudiar el fenómeno desde una perspectiva integral; un enfoque que vaya más allá de los números, de lo sanitario y de lo habitacional. Esto es: cada persona en situación de calle tiene una trayectoria vital distinta, con particularidades que se asientan en un contexto compartido.
Sobre ello, Dolabjian precisa: “No todas las personas que están en situación de calle llegan a esta circunstancia por un consumo problemático, por la pobreza o porque simplemente se fueron de su casa. Se trata de trata de experiencias e historias de vida complejas”.
Esta complejidad, precisamente, sirve para desarmar el prejuicio del que se revisten las etiquetas clásicas para referirse al fenómeno: “Está en la calle porque se lo merece” o “Está ahí porque no sirve para nada”.
Análisis y resultados
A través de entrevistas en profundidad, indagaron en siete ejes analíticos. El primero se vinculó con comprender los motivos del ingreso en la situación de calle y cómo es que ese proceso se produce “a partir de la acumulación de desventajas a lo largo de la vida”. El segundo eje analizó por qué se trata, en todos los casos, de permanencias largas; el tercero, se detuvo en las percepciones y las representaciones sociales que, para los propios sujetos, implica la experiencia de vivir en la calle.
El cuarto se relacionó con evaluar el consumo problemático de sustancias; en el quinto, se concentraron en entender el malestar psicosocial y las estrategias para enfrentarlo. El sexto se relacionó con indagar en los vínculos afectivos, las pérdidas y las redes de apoyo; mientras que el último punto se trató de conocer cómo esperan recuperar su subjetividad, a partir de su confianza real en revertir su estado (consiguiendo un trabajo, por ejemplo).
El informe posee hallazgos interesantes. Entre otros aspectos, es posible leer lo siguiente: “La situación de calle emerge como el resultado de procesos acumulativos de vulnerabilización iniciados tempranamente y caracterizados por la convergencia de violencia familiar, pobreza, interrupciones educativas, rupturas vinculares, institucionalización reiterada y consumo problemático”. Como siempre, el fenómeno es multicausal; el producto de desventajas que se solapan y que resultan difíciles de desanudar.
Solange Rodríguez Espínola, doctora en Psicología y la otra responsible del estudio, apunta que existe “una cuestión política” y una representación social en torno a las personas en situación de calle. “Están los que piensan que ‘cada quien tiene lo que se buscó’, y una perspectiva, quizás más proteccionista, que ve en el Estado al actor que debe encargarse de contribuir a resolver el problema”.
Luego continúa: “Para proyectar un cambio real, primero hay que hacer un diagnóstico de la situación”. Evidencia científica para intervenir desde la política pública y, eventualmente, transformar la vida de las personas.
El combustible de la desdicha
Entre los siete ejes de análisis en cuestión, hay uno que resalta: los consumos problemáticos. Por su transversalidad y su presencia en las entrevistas, merece un párrafo aparte. En el informe, se lee: “Las entrevistas evidenciaron inicios tempranos y trayectorias prolongadas de consumo de pegamento, alcohol, marihuana, cocaína, pasta base, psicofármacos y otras sustancias”. Se consume para regularse emocionalmente, como anestesia psíquica, para afrontar el sufrimiento y para tolerar las condiciones de vida en calle.
“Estar en situación de calle es participar de un ámbito de exclusión extrema, probablemente la situación de mayor vulnerabilidad que existe en la civilización. A pesar de todo, es posible detectar ciertas miradas positivas y de optimismo por revertir el presente”, resume Dolabjian. Y destaca: “Es fundamental que se trabaje sobre la capacidad de recrear vínculos, los espacios terapéuticos, el apoyo comunitario, las posibilidades de trabajo”.

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