“Celos” y “sentirse menos”: la desgarradora hipótesis de la familia de Camila tras el femicidio en Barreal

Los hermanos de la joven santafesina asesinada reconstruyeron el vertiginoso vínculo que la unía con Carlos Riveros. Apuntan a las diferencias en la formación de Gendarmería y a la rápida convivencia como detonantes de la tragedia.

Mientras la Justicia avanza en la investigación por el femicidio de Camila Agustina Vechiarello (26), los allegados de la víctima comenzaron a reconstruir los meses previos a la tragedia y expusieron una hipótesis sobre el móvil del ataque: los celos y una posible sensación de inferioridad por parte del agresor frente a los logros de la joven.

El vínculo entre Camila y Carlos Gonzalo Riveros había comenzado de forma precipitada. Tras conocerse en febrero de este año en San Juan, donde ambos habían llegado con la aspiración de ingresar a Gendarmería Nacional, la relación avanzó con una velocidad que preocupó al entorno familiar: a los tres meses ya se habían casado. Aunque en su momento la familia respetó la decisión, recordaron que durante una visita a Rosario, la joven expresó de manera extraña que no quería regresar a Cuyo, una señal que hoy adquiere un significado desgarrador (“Estas cosas caen cuando pasa lo peor”, expresaron).

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Un factor determinante en la convivencia habría sido el rumbo dispar que tomó la carrera de ambos dentro de la fuerza de seguridad. Mientras Camila logró continuar con su formación como aspirante, Riveros fue apartado tras no superar las exigencias de ingreso. Para la familia, esa diferencia generó una profunda frustración en el femicida: “Seguramente la mató por celos y por sentirse menos que ella”, sostuvieron.

El aberrante hecho ocurrió en el departamento que compartían en Barreal (Calingasta). Durante la madrugada del domingo, un vecino escuchó gritos y, horas más tarde, Camila fue hallada sin vida con múltiples heridas de arma blanca. En tanto, Riveros intentó quitarse la vida tras el ataque, recibió el alta médica en las últimas horas y quedó inmediatamente detenido a disposición de la UFI Delitos Especiales, que ahora perita teléfonos, cuchillos y una carta con pedidos de perdón hallada en la escena del crimen.

OP: Juan Pablo Amaya

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