Crisis del ajo sanjuanino: la presión china en Brasil y el límite biológico de la semilla frenan su recuperación
Con una superficie cultivada que cayó a menos de un tercio en una década, la producción local enfrenta un escenario complejo por el desplome de los precios internacionales y la falta de material para la siembra.
La producción de ajo en San Juan atraviesa un escenario crítico marcado por factores externos e internos. Tras haber alcanzado una superficie de unas 2.000 hectáreas hace poco más de una década, la provincia cuenta hoy con apenas cerca de 700 hectáreas destinadas a este cultivo. A la competencia del mercado internacional se le suma una limitación estructural propia de la especie: cada cabeza de ajo aporta en promedio unos diez dientes aptos para la siembra, lo que impone un techo biológico estricto que impide una rápida expansión del área cultivada de una temporada a otra.
El frente externo se complicó desde que Brasil eximió del derecho antidumping a empresas exportadoras de China, permitiendo el ingreso de ajo asiático a valores significativamente inferiores a los costos de producción regionales. Aunque San Juan destina a Brasil un volumen menor en comparación con la provincia de Mendoza —centrándose mayoritariamente en el ajo blanco—, la sobreoferta china en el país vecino terminó por arrastrar a la baja los precios de referencia internacionales. Esta situación provocó renegociaciones de contratos a la baja en otros destinos clave como Estados Unidos y México.
A la incertidumbre de precios se añaden los elevados costos de implantación, donde la semilla representa aproximadamente un 25% del total por hectárea. En temporadas con márgenes económicos ajustados o negativos, los productores optan por vender la totalidad de la cosecha en lugar de reservar bulbo para la siembra, lo que encarece la disponibilidad de insumos para el ciclo siguiente. A este panorama se suma el avance de otros cultivos en la provincia, como el tomate para industria, que ha ganado espacio en tierras que antes se destinaban a la actividad ajera.
A pesar de las dificultades comerciales y de costos, la actual campaña 2026 presenta algunas señales favorables en el aspecto hídrico. Las nevadas registradas en la cordillera permitieron una mayor disponibilidad de agua para el sistema de riego provincial e hicieron posible la apertura de turnos durante los meses de invierno. Los productores locales aguardan ahora el cierre de la cosecha y la evolución de las cotizaciones internacionales para definir la proyección de la siembra en las próximas temporadas.

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