¿Conviene buscar precios? Un informe midió qué productos tienen grandes diferencias según dónde se compre y cuáles no

Un relevamiento privado confirma que la alta competencia entre cadenas mantiene acotadas las diferencias en varios rubros, aunque persisten categorías donde recorrer más de un local todavía se traduce en un ahorro concreto para las familias

Una persona de torso con remera marrón sostiene una botella de aceite de oliva en cada mano, con estantes de supermercado de fondo.En líneas generales, las diferencias de precios entre supermercados se han achicado.

Cada mes, miles de familias se hacen la misma pregunta al hacer las compras: ¿conviene ir a buscar el mismo producto a otro supermercado o el ahorro no justifica el esfuerzo? La respuesta, lejos de ser uniforme, depende del tipo de producto que se busque. Mientras que para algunos rubros caminar unas cuadras más o comparar entre cadenas puede representar un alivio real para el bolsillo, para otros la diferencia es tan chica que el tiempo invertido no se traduce en un ahorro significativo.

Un informe del Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios (CECN) de la Universidad de San Andrés (UdeSA) muestra cuánto varían los precios de los mismos productos entre distintas cadenas de supermercados. Ese indicador, conocido como “dispersión de precios”, permite saber en qué rubros efectivamente vale la pena comparar y en cuáles la diferencia es tan mínima que resulta prácticamente indistinto el lugar de compra.

Los datos correspondientes a agosto muestran un panorama dispar según la categoría. Hay rubros donde la brecha entre cadenas sigue siendo relevante y otros donde prácticamente desapareció. Esa diferencia responde, en gran medida, al nivel de competencia que existe entre las cadenas para cada tipo de producto.

Los rubros donde conviene comparar

En agosto, la categoría de frutas y verduras volvió a liderar el ranking de dispersión, con una diferencia de precios entre supermercados del 4,55%. Le siguieron higiene y productos personales, con 3,61%, y carnes, con 3,40%. En los tres casos, la brecha es lo bastante amplia como para que valga la pena revisar más de una góndola antes de definir dónde comprar.

Se trata, además, de rubros con antecedentes de diferencias todavía mayores. En otros momentos, la brecha entre algunos productos llegó a superar el 10%, un nivel que hoy no se repite pero que sirve como referencia de hasta dónde puede llegar la dispersión cuando la competencia entre cadenas se relaja.

También los pescados tiene una dispersión de precios considerable, del 3,18% en agosto, y se mantienen por encima de la media histórica del 2,8 por ciento. En el otro extremo del ranking aparecen los rubros donde salir a comparar precios rinde poco o nada.

Cuando la búsqueda no rinde

De acuerdo con el relevamiento, el rubro de bebidas cerró agosto con una dispersión de apenas 1,89%, la más baja de todas las categorías relevadas. Le siguieron panificados, con 2,05%; lácteos, con 2,47%; limpieza, con 2,67%, y almacén, con 2,77%. En estos casos, la diferencia entre comprar en un supermercado u otro es tan chica que, para el bolsillo familiar, no compensa el tiempo ni el traslado que implica comparar.

La explicación detrás de estos números tiene que ver, según la Universidad de San Andrés, con el nivel de competencia entre las cadenas. Cuanta más competencia hay para un producto determinado, menor es el margen que cada supermercado puede tomarse para diferenciarse en precio, y por lo tanto más se achica la dispersión. El informe remarca que la tendencia de fondo se viene consolidando: la dispersión de precios entre supermercados cayó un tercio en el último año, aunque agosto mostró un leve repunte respecto de los meses previos.

Ese repunte no fue uniforme. En agosto, las diferencias crecieron puntualmente en carnes y en lácteos, mientras que se achicaron en frutas y verduras. Aun con esos movimientos, el panorama de fondo no cambió: los rubros frescos siguen siendo, en promedio, los que ofrecen mayor margen para comparar precios entre cadenas.

Pasillo largo de supermercado con estantes llenos de botellas y latas de bebidas alcohólicas, bajo luces fluorescentes, con algunos clientes al fondo.Las bebidas son el rubro con menor dispersión de precios entre las cadenas relevadas.

El promedio histórico de dispersión, medido entre junio de 2021 y agosto de 2026 sobre nueve categorías, se ubica en 4,4%. En ese período, frutas y verduras también encabeza el ranking con una dispersión histórica del 7,9%, casi el doble que cualquier otra categoria. En tanto, “pescados” aparece en el otro extremo, con 2,9%.

La diferencia entre el rubro de mayor y menor dispersión histórica es de 5,1 puntos porcentuales, una brecha que confirma que, más allá de la foto de agosto, el patrón se mantiene en el tiempo: hay categorías donde comparar precios es un hábito que rinde, y otras donde no cambia demasiado el resultado final.

La otra brecha: del Mercado Central a la góndola

A la dispersión entre supermercados se le suma otra brecha, la que separa los precios mayoristas de los que finalmente llegan a la góndola. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la brecha ponderada entre los precios de los supermercados y los del Mercado Central de Buenos Aires (MCBA) alcanzó en agosto el 112%, unos 22 puntos porcentuales más que en julio.

El estudio también identifica los extremos producto por producto. La lechuga presentó la mayor brecha entre canales, del 380%. En el otro extremo, la batata registró la menor brecha entre el mayorista y el minorista, con 56,7%.

Según el orgnismo, la formación del precio final no puede explicarse únicamente por la cotización mayorista. La ampliación de la brecha entre agosto y julio refleja la incidencia de otros costos, márgenes y estrategias comerciales a lo largo de la cadena, sumada a las distintas velocidades de ajuste con que cada eslabón traslada las subas y las bajas que se registran en el mercado mayorista.

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