Con menos caudal, el Gobierno defiende el reparto de agua y pide cambios en el campo

Fernández aseguró que la distribución se ajusta a parámetros históricos y advirtió que la clave será mejorar la eficiencia y avanzar en la reconversión productiva.

El ministro de Producción de San Juan, Gustavo Fernández, defendió la reducción del agua destinada al riego en medio del conflicto con el sector productivo y aseguró que el esquema propuesto por el Gobierno se ajusta a los valores históricos del río San Juan. En ese contexto, planteó la necesidad de avanzar en mayor eficiencia, financiamiento e infraestructura para sostener la actividad agrícola.

El funcionario explicó que la situación actual responde a un cambio significativo en el pronóstico hídrico. Al inicio del ciclo, se estimaba un escurrimiento cercano a los 950 hectómetros cúbicos, lo que permitía proyectar una entrega de casi 700 hm³ para riego. Sin embargo, ese escenario se modificó de manera abrupta.

Según detalló, la falta de deshielo y un proceso de sublimación —en el que la nieve pasa directamente de estado sólido a gaseoso— provocaron una pérdida importante de nieve, en gran parte por efecto del viento. Como resultado, el caudal final del río estará más cerca de los 600 hm³ que de los valores inicialmente previstos.

Frente a este nuevo panorama, el Gobierno recalculó la distribución. Fernández sostuvo que el promedio de agua entregada al sector agrícola en los últimos seis años se ubica entre 660 y 670 hectómetros cúbicos, por lo que el volumen propuesto se encuentra dentro de esos parámetros.

Del total disponible, explicó que alrededor de 120 hm³ se destinan al consumo humano y otros 100 hm³ se pierden por procesos naturales como infiltración y evaporación. De esta manera, el volumen efectivo para la producción agrícola ronda los 630 hm³.

Uno de los principales puntos de tensión con los productores es el uso de las reservas de los diques para compensar la merma. Sobre este aspecto, el ministro advirtió que el Ejecutivo busca preservar la seguridad operativa del sistema hídrico.

Indicó que los embalses fueron recibidos con niveles por debajo de los estándares adecuados y con equipos funcionando de manera permanente, cuando están diseñados para un uso eventual. En ese sentido, consideró que utilizar esas reservas en el presente podría comprometer la capacidad de respuesta ante un escenario aún más crítico en el futuro.

Además, remarcó que, si bien el río aportará unos 200 hectómetros cúbicos menos de lo previsto, el ajuste solicitado al sector agrícola es considerablemente menor, inferior a los 50 hm³.

Más allá de la coyuntura, Fernández puso el foco en la necesidad de mejorar la eficiencia en el uso del recurso dentro de las fincas. Señaló que el 55% de la superficie cultivada en la provincia aún no cuenta con sistemas de riego presurizado, lo que representa un margen importante para optimizar el consumo.

En ese marco, indicó que el Gobierno trabaja en herramientas de financiamiento para impulsar la tecnificación, aunque reconoció dificultades vinculadas a la rentabilidad de algunos sectores, como parte de la vitivinicultura, que hoy atraviesa un escenario complejo.

También adelantó que se impulsa un proceso de reconversión productiva que no solo incluye la incorporación de tecnología, sino también cambios en las variedades cultivadas, con el objetivo de adaptar la producción a las condiciones actuales.

En paralelo, el ministro reconoció falencias en la infraestructura hídrica provincial. Aseguró que el sistema de distribución primaria y secundaria presenta años de falta de mantenimiento y que algunas estructuras se encontraban en condiciones críticas.

Según explicó, las primeras acciones de gestión estuvieron orientadas a garantizar la seguridad en puntos clave, como diques y repartidores, aunque admitió que resta avanzar en la recuperación integral de la red de distribución, uno de los desafíos más complejos.

Finalmente, Fernández subrayó que la situación requiere un abordaje conjunto entre el Estado y el sector productivo. Remarcó que el agua es un recurso limitado y que su disponibilidad depende exclusivamente del caudal que aporta el río, por lo que consideró indispensable encarar una agenda común para optimizar su uso y sostener la producción en un contexto cada vez más exigente.

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