La Justicia condenó al abogado Oscar Adárvez, de 81 años, a dos años y cuatro meses de prisión en suspenso por portar un arma de fuego sin autorización en el centro de San Juan. Además, el fallo dispuso su inhabilitación por cuatro años y ocho meses para la tenencia y portación de armas.
El caso volvió a debatirse en tribunales luego de que el primer juicio fuera anulado por cuestiones procesales. La causa debió retrotraerse debido a que se superó el plazo máximo de suspensión previsto por la ley, lo que obligó a realizar nuevamente el debate oral.
Durante esta segunda instancia, el fiscal Fernando Bonomo, de la UFI Flagrancia, volvió a exponer la acusación ante el juez Ricardo Grossi y detalló las circunstancias en las que el letrado fue sorprendido con un arma en la vía pública.
En el juicio, el propio Adárvez optó por ejercer su autodefensa. Ante el tribunal explicó que ese día decidió armarse tras recibir un llamado que lo alertaba sobre una posible situación irregular en su estudio jurídico.
“Iba a defender mi vida y mi estudio jurídico. Mi hija me llamó para decirme que la puerta estaba abierta y fui. He tomado un arma y he atrapado ladrones muy malos. Más allá de la acusación, me voy a defender”, expresó durante su declaración.
Sin embargo, cuando el fiscal intentó profundizar sobre esos dichos, el abogado decidió no responder más preguntas y señaló que ampliaría su defensa con pruebas que, según afirmó, tenía en su poder.
La investigación se originó el 18 de abril de 2025, alrededor de las 19:58, cuando operadores del sistema de monitoreo CISEM detectaron a un hombre armado en la intersección de avenida Ignacio de la Roza y Alem, en Capital.
Las cámaras registraron a un sujeto vestido con pantalón y chaleco negro que llevaba un arma de fuego a la vista. Minutos más tarde, efectivos policiales localizaron al abogado frente a su estudio jurídico, ubicado en calle Alem 279 sur.
En el procedimiento se le secuestró un revólver marca Tanque calibre .38 Special que contenía cinco cartuchos y que, según el informe pericial, se encontraba en condiciones de disparar.
En ese momento, Adárvez manifestó que había acudido armado tras ser advertido de que la puerta del estudio estaba abierta y que temía que se estuviera produciendo un robo en el lugar, donde guardaba su computadora de trabajo.
El abogado también sostuvo que era legítimo usuario de armas. Sin embargo, al momento del procedimiento no pudo exhibir documentación que acreditara la autorización para portar el arma, situación que derivó en su imputación y, finalmente, en la condena dictada por la Justicia.
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