Las calles de uno de los barrios más exclusivos de Santiago de Chile se transformaron, en cuestión de minutos, en ríos indomables de barro y piedras. La tarde de este jueves, un violento aluvión golpeó con furia la zona precordillerana de Las Condes, arrastrando todo a su paso y encendiendo las alarmas de una capital que, frente a la fuerza de la naturaleza, volvió a quedar completamente vulnerable.
Las postales del desastre, que rápidamente inundaron las redes sociales, parecen sacadas de una película de acción. En el sector de San Carlos de Apoquindo, la furia de la corriente no discriminó: se llevó puestos desde vehículos particulares hasta un colectivo del sistema de transporte público Red. La desesperación llegó a tal punto que varios pasajeros tuvieron que treparse al techo de la unidad para no ser tragados por el barro.
El impacto del desastre también golpeó de lleno a la infraestructura esencial de la comuna. El agua sucia y los escombros ingresaron en la Clínica UC Christus y en la Clínica Universidad de los Andes, obligando a los médicos a evacuar sus áreas de trabajo. Además, se reportaron graves daños en un supermercado local y en la sede educativa Duoc UC, donde en los primeros momentos del temporal circularon fuertes versiones sobre estudiantes atrapados en un auditorio.
¿Qué desató semejante desastre? Según explicaron desde Carabineros, que detectaron el primer torrente cerca de las cinco de la tarde sobre la calle General Blanche, todo comenzó con el rebalse de un canal en Francisco Bulnes Correa. Sin embargo, desde el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) apuntaron a la activación sorpresiva de quebradas de montaña, cauces que permanecen secos gran parte del año pero que estallaron por las precipitaciones extremas.
Ante el caos generalizado, la respuesta de los equipos de rescate tuvo que ser inmediata y drástica. El Cuerpo de Bomberos de Santiago decretó el acuartelamiento general de sus veintidós compañías para centralizar los operativos. En paralelo, el Senapred no dudó y declaró alerta roja para diez comunas de la Región Metropolitana por el altísimo riesgo de nuevas remociones en masa.
En el terreno, la situación sigue siendo de máxima tensión. La alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, graficó el dramatismo de la jornada y señaló: “Sabemos que hay muchas viviendas inundadas. Estamos yendo a rescatar a las personas que se encuentran atrapadas”. Mientras tanto, las autoridades locales delimitaron un perímetro de seguridad y le rogaron a los vecinos que se queden en sus casas para no entorpecer los trabajos de rescate.
Intervención presidencial y gabinete en la calle
La gravedad del escenario obligó al presidente José Antonio Kast a tomar cartas en el asunto desde el primer momento. Tras evaluar los daños y reunir al comité de emergencia regional, el mandatario dio un paso contundente e instruyó declarar a la comuna de Las Condes como “zona de catástrofe”, una herramienta burocrática clave para destrabar fondos y agilizar la asistencia estatal directa.
A través de su cuenta en la red social X, el jefe de Estado relató la evolución de la crisis. “Estamos enfrentando una emergencia de activación muy rápida”, advirtió temprano, para luego confirmar que ordenó el despliegue territorial de los titulares de Obras Públicas, Defensa, Salud y Energía. La directiva desde el Palacio de La Moneda fue muy clara: poner a disposición toda la maquinaria y el personal disponible en las calles afectadas.
En sintonía con las órdenes presidenciales, distintas áreas del gobierno intentan contener los múltiples frentes abiertos. El delegado de la Región Metropolitana, Germán Codina, sostuvo que el aluvión se vio agravado por la obstrucción de dos ductos clave que debían drenar el núcleo urbano. Por su parte, el Ministerio de Salud mantiene un monitoreo exhaustivo sobre la red de hospitales dañados para garantizar la derivación y atención de los pacientes.
Un octubre marcado por los récords históricos
Este desastre natural no es un hecho aislado, sino el corolario de una semana donde los registros meteorológicos chilenos volaron por los aires. Empujado por el fenómeno de El Niño, un fuerte río atmosférico rompió todas las marcas: con 74 milímetros acumulados en apenas siete días, este mes ya se coronó como el octubre más lluvioso de la historia en Santiago, destronando el récord vigente desde 1987.
Lo más inquietante es que el cerro ya venía dando avisos que anticipaban un posible desastre. Entre el martes y el miércoles de esta misma semana, fuertes bajadas de agua habían obligado a los equipos municipales a limpiar el barro en Quebrada Honda. Pese a que el caudal ya mostraba un aumento peligroso, la velocidad y furia del temporal del jueves superó cualquier previsión en la zona.
El aluvión de Las Condes reabre una herida reciente en un país duramente castigado por los extremos climáticos. Basta recordar que, en julio de este mismo año, otro violento fenómeno dejó un saldo trágico de 13 muertos, siete desaparecidos y miles de damnificados en las regiones del sur. Hoy, la capital vuelve a mirar a la cordillera con desconfianza mientras intenta sacar el barro de sus casas.
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