Reacomodamientos y tensiones en la Legislatura tras el discurso de Orrego, con la mira en 2027

Tras la apertura de sesiones, la Legislatura sanjuanina quedó atravesada por movimientos, pases y tensiones entre bloques. El oficialismo consolida aliados, el bloquismo endurece su postura y el peronismo busca reordenarse en un escenario ya marcado por la lógica electoral.

El inicio del año legislativo en San Juan, con el discurso de apertura de sesiones del gobernador Marcelo Orrego, activó de inmediato una serie de movimientos políticos dentro de la Cámara de Diputados. Como suele ocurrir en la antesala de un proceso electoral, la dinámica parlamentaria comenzó a reflejar reposicionamientos, acercamientos estratégicos y tensiones entre los distintos espacios.

El oficialismo logró sostener su esquema de poder y dio una señal de fidelización al ubicar como vicepresidente alterno a Marcelo Mallea, un dirigente que, si bien ingresó por el peronismo, se desmarcó y mantiene diálogo con el vicegobernador Fabián Martín. Se trata de un gesto más simbólico que estructural, pero que confirma la estrategia del orreguismo de consolidar apoyos individuales dentro del recinto.

En contrapartida, el Partido Bloquista mostró signos de malestar luego de no conseguir espacios clave en la conducción legislativa. El rechazo a la propuesta de Luis Rueda para posicionar a Federico Rizo en la vicepresidencia dejó expuesta la incomodidad del espacio, que cuenta con cuatro diputados y dos intendentes. Como reacción, se evalúan gestos políticos como la posible renuncia de Rueda a la presidencia de la comisión de Agricultura, lo que marcaría un endurecimiento en la negociación con el oficialismo.

Aun así, no se vislumbra una ruptura definitiva. Más bien, se abre una etapa de mayor tensión en la que los votos bloquistas dejarían de ser automáticos, obligando al Gobierno a reforzar vínculos con sectores dialoguistas y monobloques.

En este contexto, una de las primeras pruebas será la designación de un camarista civil. El oficialismo impulsa a Esteban De la Torre, mientras que el bloquismo respalda a Marianela López. El peronismo, por su parte, observa la disputa sin una posición unificada, aunque con la posibilidad de inclinar la balanza para incomodar al orreguismo.

El bloque Justicialista enfrenta, además, sus propias dificultades internas. En los últimos meses sufrió fugas y desmarques de legisladores que comenzaron a jugar con mayor autonomía. Algunos, como Jorge Castañeda, Omar Ortiz, Eduardo Cabello y Pedro Albagli, han mostrado posiciones individuales en votaciones clave. Otros, como Leopoldo Soler, Gabriel Sánchez y Franco Aranda, directamente se alejaron del bloque original, aunque mantienen vínculos políticos con el peronismo.

Sin embargo, el discurso de Orrego dejó una imagen llamativa: una foto de relativa unidad dentro del peronismo, con la presencia de dirigentes que hasta hace poco parecían distantes. Aunque se trata de una señal más simbólica que estructural, refleja intentos de recomposición interna en un espacio que busca recuperar volumen político.

Uno de los movimientos más claros en clave electoral fue el de Franco Aranda, quien renunció a la presidencia de la comisión de Presupuesto y Hacienda. Desde su entorno evitaron dar explicaciones, pero la decisión abre interrogantes sobre un eventual reordenamiento dentro del Frente Renovador y su vínculo con el peronismo, en línea con lo que ocurre a nivel nacional.

Por último, el rol de La Libertad Avanza también entra en juego. El diputado Fernando Patinella mantiene un margen acotado de negociación y responde a la conducción nacional de José Peluc, quien descarta alianzas con el oficialismo provincial. En ese marco, su posicionamiento podría volverse más opositor, aunque en la práctica ha mostrado sintonía con el bloquismo en algunas decisiones.

Con este escenario, la Legislatura se encamina a un año atravesado por la lógica electoral, donde cada votación y cada gesto político tendrán un peso que excede lo estrictamente institucional.

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