¿Nunca es tarde?: escritores y pensadores que crearon sus mejores obras a una edad avanzada

Decía Simone de Beauvoir que el adulto mayor “renuncia a empresas porque cree que no tendrá tiempo de terminarlas”. Es sin dudas una tendencia a superar, sobre todo en estos tiempos de extensión de la expectativa de vida y de una mayor longevidad activa

Tenían 60 años y más cuando escribieron sus primeras novelas o las mejores: se trata de Daniel Defoe y del mismísimo Miguel de Cervantes, entre otros.

La célebre Robinson Crusoe, novela que narra las aventuras de un náufrago que debe sobrevivir en una isla desierta, fue escrita por el británico Daniel Defoe en 1719, cuando el autor estaba a punto de cumplir los 60. Era su primera obra y sería, sigue siendo, una de las más influyentes y leídas del mundo, considerada además fundacional del género novelesco.

Después de Robinson Crusoe, Defoe siguió produciendo. Su siguiente novela, en 1720, fue Las aventuras del capitán Singleton. En 1722, escribió Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year), novela histórica inspirada en la Gran Plaga de Londres de 1665.

Otro ícono de la literatura, española y universal, la novela satírica Don Quijote, fue publicada en dos partes, en 1605 y 1615, cuando Miguel de Cervantes Saavedra tenía 58 y 68 respectivamente. Aunque escritas un poco antes de su publicación, son indudablemente textos producidos en la madurez. Cervantes terminó otro de sus libros, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, cuatro días antes de su muerte, a los 69 años.

Libro El ingenioso hidalgo don quijote de la manchaCervantes publicó El Quijote a los 58 años

El británico radicado en Estados Unidos John Cowper Powys publicó sus novelas más conocidas a edad avanzada: Wolf Solent (1929) y A Glastonbury Romance (1932), a los 57 y 60 años respectivamente. Empezó a escribir tardíamente pero ya no se detuvo. Siguió publicando hasta el año de su muerte, 1963, a los 90. Sus novelas se caracterizan por ser largas e involucrar muchos personajes.

Frank McCourt, escritor irlandés-estadounidense, publicó a los 66 años su novela autobiográfica Las cenizas de Ángela, y fue galardonado con un Premio Pulitzer de Biografía o Autobiografía en 1997. Nacido en 1930 en Nueva York en el seno de una familia irlandesa, en Las cenizas de Ángela cuenta su infancia de pobreza en el Brooklyn de la Gran Depresión. Antes de morir, a los 78 años, publicó otros tres libros.

Laura Ingalls Wilder nacida en Wisconsin en 1867, comenzó a publicar la saga La casa de la pradera —en cierto modo, autobiográfica— a los 65 años. Sus libros siguen siendo muy leídos en al actualidad, y la adaptación a la televisión de La casa de la pradera (traducida como La Familia Ingalls) en formato de serie conoció un gran éxito.

Karen GrassleKaren Grassle y Michael Landon interpretaban a los padres de Laura Ingalls en la serie televisiva (Archivo/NBC)

Alberto Méndez, nacido en 1941, publicó su primer y exitoso libro, Los girasoles ciegos (compilación de cuatro relatos cortos), a los 63 años. Hasta entonces, se había dedicado a otros oficios. Fue el éxito editorial del año de su publicación y lleva vendidos unos 250.000 ejemplares. Méndez murió ese mismo año sin llegar a conocer la amplitud de su éxito.

Charles Bukowski publicó su primera novela a los 51 años, luego de jubilarse del servicio postal. Un editor le prometió una remuneración mensual vitalicia, por lo que el hasta entonces poeta ocasional, renunció a su empleo en el correo para dedicarse a full a escribir.

Tenía 49 años. “Tengo dos opciones, permanecer en la oficina de correos y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre”, decía. Poco después terminó su primera novela, llamada justamente Post Office (Cartero en español). Murió el 9 de marzo de 1994, a la edad de 73 años, poco después de terminar su última novela: Pulp.

El escritor y poeta Charles Bukowski con uno de sus gatosEl escritor y poeta Charles Bukowski con uno de sus gatos

El caso de José Saramago es peculiar. Porque aunque de joven escribió dos novelas —una inédita hasta su muerte—, suspendió por dos décadas el oficio y no fue sino a partir de los 60 años que alcanzó el reconocimiento internacional con las grandes novelas que publicó a partir de entonces. Acerca de esa pausa creativa, Saramago dijo: “Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar”.

Entre sus obras más importantes se encuentran Ensayo sobre la ceguera (1995, cuando tenía 73 años), El Evangelio según Jesucristo (1991, a los 69) y El año de la muerte de Ricardo Reis (1984, a los 62).

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El evangelio según Jesucristo -José Saramago. Créditos Amazon

La historia de Toyo Shibata es impactante, ya que empezó a escribir poesía en 2009, a los 98 años, y alentada por su hijo. Publicó No te desanimes, una antología de 42 poemas que ha vendido más de un millón y medio de ejemplares, lo cual es enorme para cualquier libro pero sobre todo para la poesía. Shibata murió en 2013, a los 101 años.

Raymond Chandler, el prolífico autor de policiales, empezó a escribir sus novelas negras a los 51 años. Hasta entonces, había publicado cuentos y poemas, pero fue recién en 1939 que vio la luz El sueño eterno, novela negra que marca el nacimiento de su personaje célebre, el detective Philip Marlowe. Chandler se había quedado desempleado durante la Gran Depresión y entonces se puso a escribir. Además de una trama atrapante, sus policiales tienen un trasfondo de crítica social. Muchas de sus novelas fueron adaptadas al cine. Actores de la talla de Humphrey Bogart, Robert Mitchum, James Garner, Elliot Gould, James Caan y Liam Neeson se han puesto en la piel del detective más famoso del cine negro.

James Caan como Philip Marlowe en la versión de HBO de "Poodle Srpings"James Caan como Philip Marlowe en la versión de HBO de “Poodle Srpings”

Anna Sewell, la autora del clásico infantil Azabache —aventuras y desventuras de un hermoso caballo negro— publicó esa única novela a los 57 años. Cinco meses después, enfermó gravemente y murió al año siguiente. Aunque alcanzó a ver el incipiente éxito de su obra, no vivió la amplitud de la repercusión que tendría su Azabache, convertido en un verdadero clásico.

La novela está basada en experiencias personales de Sewell, nacida en 1820 en el Reino Unidos y a quien un accidente a los 12 años había dejado parcialmente lisiada e imposibilitada de caminar sin ayuda. Por ese motivo, se desplazaba mucho en carruaje y así conoció la condición de los caballos de tiro. Su novela es una denuncia del maltrato a que eran sometidos muchos de estos animales. Sewell también se involucró en la lucha por un trato digno a los caballos y demás animales. También fue activista en contra de la esclavitud.

"Black Beauty", el best seller de Anna Sewell“Black Beauty”, título original en inglés de Azavache, el best seller de Anna Sewell

También en el terreno de la ciencia y la filosofía, hubo intelectuales que alcanzaron sus cumbres a edad avanzada.

Galileo Galilei tenía 72 y 74 cuando completó dos de sus mejores obras: Diálogos de las ciencias nuevas, y Discursos y demostraciones matemáticas.

El naturalista, botánico, biólogo, cosmólogo, matemático y escritor francés Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, más conocido como Buffon simplemente, compuso los siete últimos volúmenes de su Historia natural, entre los 67 y los 81 años. Esta enciclopedia es considerada una de las más importantes empresas científicas del Siglo de las Luces.

Pierre-Simon Laplace (1749-1827) concluyó a los 79 su Tratado de Mecánica celeste publicado entre los años 1799 y 1825, en 5 volúmenes.

Galileo Galilei nació en 1564 en la ciudad italiana de PisaGalileo Galilei nació en 1564 en la ciudad italiana de Pisa

En el capítulo Tiempo, actividad, historia de su ensayo La VejezSimone de Beauvoir dice que antes que la novela, el género que mejor se adapta a la adultez madura es el de las memorias y la autobiografía o el ensayo, formas que “reconstruyen o reasumen experiencias cuya diversidad es enriquecedora para el escritor”.

“En varios sectores —filosofía, ideología, política— el hombre de edad es capaz de visiones sintéticas vedadas a los jóvenes. Es preciso haber observado, en sus semejanzas y sus diferencias, una vasta multiplicidad de hechos para saber apreciar la importancia o la insignificancia de un caso particular, reducir la excepción a la regla o asignarle su lugar, subordinar el detalle al conjunto, dejar de lado la anécdota para desprender la idea”, escribe De Beauvoir.

Sin embargo, reconoce que al adulto mayor el paso del tiempo, la idea de la falta de él, lo desalienta con frecuencia de emprender la tarea: “Un porvenir limitado, un pasado fijo: tal es la situación que han de enfrentar las personas de edad. En muchos casos, paraliza su actividad”.

Y cita al escritor francés Michel Leiris que a los 47 decía: “Se pierden las ganas mismas de emprender algo: uno evalúa el poco tiempo de que dispone (…) y eso corta todo impulso”.

Sin embargo, vale aclarar que Leiris siguió escribiendo hasta poco antes de su muerte, a los 89.

De Beauvoir cita el caso de Platón, que “escribió sus obras más profundas y más personales a partir de los 62 años aproximadamente”.

Platón, cuadro de Luca GiordanoPlatón, cuadro de Luca Giordano

“Necesitó tiempo para desprenderse de la influencia de Sócrates y de sus predecesores —interpreta De Beauvoir—, para comprender todo lo que implicaban sus propias concepciones”. Y cita una frase del filósofo, de su obra Filebo, diálogos escritos hacia los 74 años: “Saber es imitar en la propia alma las relaciones que existen en el ser”. Y concluye la autora: “Dejando de lado Las Leyes, las obras de la vejez de Platón representan un progreso incesante.”

Immanuel Kant publicó a los 57 años la Crítica de la razón pura, dice De Beauvoir. “Tenía 66 años cuando escribió la Crítica del juicio y era todavía más viejo cuando compuso La religión dentro de los limites de la razón. Estos dos libros se refieren a ciertos puntos esenciales de su sistema con una profundidad totalmente nueva. Enriquecen y renuevan su obra anterior. Trabajó en sus obras póstumas hasta que declinaron sus fuerzas intelectuales”, señala.

Por lo tanto, no hay que desistir de emprender la tarea, aunque parezca que ya no queda tiempo. En esa materia, la previsión es imposible. De Beauvoir señala además con justeza que la edad avanzada también conlleva una ventaja“Hay que haber vivido mucho tiempo para hacerse una idea justa de la condición humana, para tener una visión general de la manera en que pasan las cosas; sólo entonces se es capaz de ‘prever el presente’, que es la tarea del hombre político. Por eso en el curso de la historia se han confiado a menudo altas responsabilidades a hombres de edad”.

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