La política enfrenta a Javier Milei a un dilema: sin la macro no se puede, pero con la macro no alcanza

Mientras el Gobierno sostiene el rumbo macro y conserva respaldo en el mercado, sigue el malhumor social y el caos político, con epicentro en Adorni y la interna libertaria. La manta corta del "riesgo kuka". El revés libertario en la calle digital.

Un loop de 72 horas atravesó la semana política y económica del Gobierno. Javier Milei abrió la secuencia en la cena de la Fundación Libertad, Luis Caputo la continuó en ExpoEFI y el propio Presidente la cerró, otra vez, en el mismo escenario. Hubo filminas, citas de Keynes, Adam Smith y la Escuela Austríaca, y un esfuerzo reiterado por demostrar que todo marcha acorde al plan. El público acompañó, aunque con cierta tibieza, en un clima donde los aplausos parecieron más inducidos que espontáneos.

En ese marco empieza a insinuarse una dinámica incómoda para el oficialismo: la escisión entre lo económico y lo político. Dos planos que ya no evolucionan necesariamente en sincronía y que desafían una de las premisas centrales del ideario libertario, que supone una relación directa entre orden macroeconómico y respaldo social. La experiencia muestra que esa relación no siempre es lineal. Puede haber cierta estabilidad en los números y, al mismo tiempo, un deterioro en el vínculo con la sociedad, más profundo de lo que reflejan algunos indicadores de corto plazo.

Ese desacople ayuda a entender también la reacción del propio Milei, cada vez más enfocado en sostener un relato sin fisuras. La exhibición de planillas que buscan validar el rumbo convive con cuestionamientos crecientes sobre los supuestos que las sostienen, y la respuesta frente a esas objeciones sigue siendo la confrontación directa, con el periodismo como uno de los blancos privilegiados. El problema es que la discusión deja de ser técnica para volverse política, y en ese terreno el Gobierno empieza a perder control de la agenda.

Sin embargo, lo que dejaron los eventos de la semana es una señal más compleja. Incluso entre economistas, empresarios y sectores de la oposición se mantiene una evaluación relativamente positiva del rumbo macroeconómico. Con matices: el uso de deuda flotante para sostener el superávit, el ajuste sobre las provincias, la parálisis de la obra pública, el deterioro del empleo y los interrogantes abiertos hacia 2027. Aun así, el núcleo del programa —orden fiscal, acumulación de reservas, financiamiento de vencimientos y expectativa de ingreso de divisas— conserva validación en el mercado.

El ministro Luis Caputo en la ExpoEFI.

El ministro Luis Caputo en la ExpoEFI.

Esa ambigüedad también atraviesa a la oposición, que empieza a acelerar su armado político al calor de la caída en la imagen presidencial, pero sin lograr todavía una diferenciación nítida en materia económica. “La responsabilidad fiscal hay que mantenerla, el orden macroeconómico también y el RIGI debe continuar, aunque con mayor foco en el compre local”, sintetizaba un referente del peronismo en una reunión reservada donde se empezaban a delinear las bases de un eventual programa para 2027.

La diferencia aparece más en el cómo que en la estructura: mayor protección del empleo, incentivos a la industria y una agenda orientada a recomponer ingresos. Ese punto conecta con uno de los principales focos de malestar social: cierres de empresas, salarios que corren detrás de la inflación y un mercado laboral que se deteriora tanto en cantidad como en calidad. En ese contexto, dentro del propio peronismo admiten que parte del esquema libertario “llegó para quedarse”, aun cuando intenten resignificarlo bajo la consigna de “orden macroeconómico con justicia social”.

Si el rumbo de la economía muestra signos de consistencia, la política ofrece un cuadro más inestable. El estilo de Milei, que en el inicio aparecía como un activo disruptivo, casi simpático, empieza a exhibir desgaste, al mismo tiempo que se diluyen algunas de sus banderas fundacionales, como la lucha contra la casta y la corrupción. Sin épica, el modelo queda más expuesto a sus resultados concretos, y ahí la tolerancia social es menor.

Adorni, la interna y el costo político

En ese escenario se inscribe el caso de Manuel Adorni, convertido en un factor de tensión dentro y fuera del Gobierno. Su paso por el Congreso no logró disipar las dudas y, por el contrario, reavivó interrogantes sobre su continuidad en un contexto en el que ya no exhibe ni capital político ni proyección electoral. El problema ya no es su desempeño, sino el costo de sostenerlo.

Adorni en su informe de gestión en la Cámara de Diputados.

Adorni en su informe de gestión en la Cámara de Diputados.

Las explicaciones que circulan en el oficialismo oscilan entre una decisión política de los hermanos Milei de resistir lo que consideran embates de la prensa y una hipótesis más delicada vinculada al manejo de información sensible dentro de la estructura de Gobierno. En ambos casos, el resultado es el mismo: un funcionario debilitado que arrastra al resto del Gabinete.

Como síntoma de esto se conoció la última encuesta de Atlas-Intel, la consultora que más acertó en apuntar a Javier Milei como favorito para la presidencia en el 2023. En su más reciente informe conocido esta semana, el panorama fue otro: el referente libertario cayó al quinto lugar entre los dirigentes con mayor imagen positiva -con un 36%-, mientras su rechazo ascendió al 62%. ¿Quiénes están por encima de él? Patricia Bullrich (4°), Cristina Kirchner (3°), Axel Kicillof (2°) y Myriam Bregman, en un sorpresivo primer lugar.

El episodio de los gastos con tarjetas corporativas de Nucleoeléctrica Argentina, revelado a partir del informe de gestión, agregó un nuevo foco de incomodidad, al exponer consumos difíciles de justificar (freeshop, bares, servicio de playa) y reabrir el debate sobre estándares de transparencia. Preocupa su impacto en un Gobierno que había hecho de la anticorrupción una bandera central.

En paralelo, la interna oficialista suma capítulos, con treguas parciales como la reciente cumbre en Suipacha organizada por Sebastián Pareja y que incluyó a integrantes de las Fuerzas del Cielo. Treguas que no logran disimular tensiones más profundas. Ni siquiera el ecosistema digital en la órbita de Caputo responde de manera homogénea. Los datos de redes sociales reflejan ese cambio de clima, con críticas que atraviesan incluso a sectores libertarios y una narrativa opositora que logra imponerse en la discusión pública. Por primera vez, el oficialismo pierde centralidad en su terreno más cómodo: la conversación digital.

Un informe de Inteligencia Analítica, que relevó más de 100 mil publicaciones de más de 28 mil usuarios, detectó una crítica transversal a la figura de Adorni, incluso dentro del propio universo libertario. Según ese trabajo, los usuarios vinculados al PRO atacaron con una intensidad del 25,8%, en niveles comparables al peronismo (30,9%), mientras que entre los libertarios la crítica (14,9%) prácticamente triplicó a la defensa (5,1%). “Con el dataset ampliado, además, la relación ataque/defensa del peronismo escaló a 14,5 a 1, lo que confirma no sólo volumen sino también capacidad de amplificación, con más de 27 mil retuits empujando el encuadre de corrupción”, menciona el informe. El dato más sensible para el Gobierno es otro: la narrativa oficial no logró traducirse en una reacción defensiva consistente de su propia base digital.

En la misma línea, un relevamiento de Reputación Digital concluyó que la disputa en redes fue claramente favorable a la oposición. La narrativa vinculada a patrimonio y corrupción concentró el 14,1% de las menciones, muy por encima del relato de gestión, que apenas alcanzó el 1,3%. El estudio también registró que el enojo fue la emoción dominante, con más de 4.000 interacciones de ese tipo frente a menos de 700 asociadas a sentimientos positivos.

El caputismo se muestra activo para defender los espacios que administra en la gestión. Por caso, en los últimos días el secretario de Inteligencia de la SIDE, Cristian Auguadra, del riñón de Caputo, se mostró hiperactivo. Exhibió reuniones con funcionarios de EEUU, apoyos del FBI y anuncios de desclasificación de archivos. “El telón de fondo es la interna entre Karina y Santiago y la puja por la SIDE”, mencionaron en Casa Rosada. “Por eso se está haciendo hincapié en las buenas relaciones internacionales que está cosechando la actual gestión en materia de inteligencia”, agregaron, sin dejar de mencionar que se trata de “un lugar sensible” sobre todo en el contexto internacional que atraviesa el mundo y la Argentina en particular, “por su posición estratégica con sus aliados y enemigos”.

La renuncia de Carlos Frugoni como secretario de Coordinación de Infraestructura fue otro vuelto hacia Adorni y Karina. En ese caso, de Luis Caputo, quien se desmarcó de la política oficial de sostener a funcionarios sospechados. Antes, Sandra Pettovello había tomado un atajo similar con la salida de su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, por el caso de los créditos hipotecarios del Banco Nación.

Como sea, en la oposición amagan con una “moción de censura” contra el jefe de Gabinete, una herramienta jamás usada desde que se instauró en la reforma constitucional de 1994. Pero, en la práctica, prefieren a Adorni eternamente en su silla. Saben que el vocero agudiza la crisis política que atraviesa La Libertad Avanza.

El riesgo que no mira el mercado

El contraste con la economía sigue siendo evidente. El Gobierno apuesta a una nueva desaceleración inflacionaria, apoyado en un dólar estable, tasas más bajas y licitaciones que permiten absorber liquidez. La macro, con matices, sigue ofreciendo resultados defendibles. Incluso en sectores opositores reconocen que podría haber un repunte de la actividad y del consumo en los próximos meses, lo que introduciría un alivio parcial en el humor social.

Es que el bolsillo fue castigado en la era Milei. El maquillaje respecto al desempleo y a la precarización creciente, así como la fábula de los millones que salieron de la pobreza (apenas un artilugio metodológico explicado por la sobreestimación de ingresos y una canasta desactualizada), no tiene correlato en la calle. Pero la situación “puede mejorar”, mencionaban en el PJ, en especial si la baja de tasas hace repuntar el consumo.

Pero ese eventual rebote no resuelve la tensión de fondo. A diferencia de lo que plantea el oficialismo, no siempre es la economía la que ordena la política. En determinadas circunstancias, la política puede terminar condicionando a la economía, sobre todo cuando erosiona expectativas.

La afirmación de Caputo de que “no hay riesgo kuka” apunta a despejar temores en el mercado, pero al mismo tiempo expone una contradicción estructural: mientras el Gobierno necesita sostener la polarización para consolidar su base política, el área económica requiere neutralizar cualquier escenario de alternancia que pueda afectar la confianza de los inversores. La misma variable que sirve para la política complica a la economía.

Ahí aparece una de las principales fragilidades del esquema. Porque si la crisis política se profundiza, tanto en el frente interno como en el vínculo con la sociedad, puede terminar impactando sobre aquello que hoy el mercado todavía valida. No por los fundamentos actuales, sino por las expectativas futuras.

El programa económico, por ahora, encuentra sustento en los números y en la paciencia de los actores financieros.

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