La dignidad humana, la paz y la justicia en el mensaje de León XIV en España

El Papa ubicó en el centro de la problemática de la dignidad humana la situación de los migrantes y refugiados de todo el mundo.

León XIV todavía transita en Españasu cuarto viaje internacional desde que asumió el pontificado en mayo del año anterior, una gira que se inició el 6 de junio y se extiende hasta este viernes 12. A lo largo de esta visita, el pontífice tendrá en total 22 alocuciones, entre ellas 12 discursos, 5 homilías y otros 5 saludos protocolares. En todas y cada una de ellas, el Papa va fijando su posición sobre cuáles son los temas y las preocupaciones centrales de Robert Prevost.

No hay mayores sorpresas, sí ratificaciones. Con estilo propio, lo dicho y lo actuado por León XIV se ubica en consonancia con su predicación anterior y, más allá de ello, se encuadra magisterialmente en los lineamientos trazados en la encíclica Magnífica Humanitas (25 de mayo de 2026), y en términos generales, en lo que se ha dado en llamar “el legado del papa Francisco”. También en lo relativo a las preocupaciones expresadas por el fallecido papa argentino ante el escenario mundial y por cuestiones que la iglesia católica universal enfrenta, pero está lejos de resolver, como la pederastia de varios de sus ministros, algo que en España sigue teniendo un fuerte impacto.

En términos generales, España —un país en el que el catolicismo sigue teniendo incidencia— acogió al Papa con entusiasmo expresado tanto en la recepción popular como en los encuentros institucionales y con las autoridades. Es algo que quedó en evidencia sobre todo en Madrid, en tanto que en Barcelona se mostraron ciertos focos de crítica y rechazo, aunque Robert Prevost tuvo gestos de empatía hacia los catalanes como, por ejemplo, expresarse en diversas oportunidades en idioma catalán.

En cuanto a sus pronunciamientos, el más significativo fue el discurso del 8 de junio ante las Cámaras (Congreso de los Diputados), oportunidad en la que el Papa habló durante aproximadamente 30 minutos. Era la primera vez que un pontífice católico se expresaba en ese recinto y los medios españoles destacaron que la presentación del obispo de Roma fue cerrada por una ovación que se extendió inesperadamente durante siete minutos.

En la ocasión —hablando en español—, el Papa recordó que “ante las transformaciones de nuestro tiempo, nuestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común”, reforzando de esta manera una agenda que Prevost asumió desde el primer día de su pontificado y en el mismo momento en que adoptó el nombre de León en memoria y reconocimiento de su antecesor León XIII, a quien se considera el iniciador de la doctrina social de la Iglesia.

Ante los diputados españoles, León XIV dijo también —recogiendo palabras de Benedicto XVI— que “la sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana” y que “tal dignidad precede a toda concesión de Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías en cada momento”.

Y siguiendo un discurso que ha sido propio de Francisco, el papa norteamericano-peruano volvió a condenar la “cultura del descarte”,como solía mencionarla Bergoglio. Citando su reciente encíclica, León XIV subrayó que “el bien común es, en cierto modo, ‘la forma social de la dignidad humana’ (MH, 59)”, no consiste en “la mera suma de intereses particulares, sino en el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” y, en consecuencia, “la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos”.

En la misma línea, el Papa ubicó en el centro de la problemática de la dignidad humana la situación de los migrantes y refugiados de todo el mundo, pero que tiene en España particular relevancia, pidiendo que se trabaje sobre las causas “más allá de la mera gestión de flujos”, apuntando a que los motivos profundos tienen que ver con la justicia social y que ello exige una respuesta internacional “coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran”.

Como se sabe, León XIV respaldó a los obispos norteamericanos; estos se opusieron con firmeza a la política antimigratoria de Donald Trump. El mensaje, en consecuencia, trascendió el ámbito estrictamente español o incluso el europeo. De igual manera cuando dijo que “la paz exige valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver las controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional”.

Con el mismo énfasis, el Papa sostuvo que “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario” y pidió construir “la cultura de la reciprocidad”.

En todas estas cuestiones, Prevost insiste en los lineamientos que reafirmó en Magnifica Humanitas, un texto que los especialistas vaticanos señalan como el “documento programático” de su gestión como pontífice y que el papa norteamericano seguirá repitiendo tanto en sus declaraciones desde Roma como en sus futuros viajes por el mundo. Asuntos que seguramente tampoco quedarán al margen de sus discursos en la Argentina para el caso en que finalmente se concrete su visita al país en la segunda mitad del año.

En esa agenda, la dignidad humana, los pobres y descartados, la condena a la guerra y la reafirmación del diálogo basado en el multilateralismo continuarán funcionando como ejes centrales de la prédica.

Fuera de lo previamente anunciado, León XIV tuvo en Madrid un encuentro privado de aproximadamente una hora con seis personas que han sido víctimas de abusos por miembros del clero católico, a quienes escuchó y prometió “hacer de la iglesia un espacio más seguro”. A pesar de que el papa volvió a pedir perdón en nombre de la Iglesia y consideró la pederastia como una “plaga” otras víctimas consideraron el gesto como insuficiente porque la Iglesia no se muestra dispuesta a asumir en forma integral las responsabilidades frente a un tema que sigue pendiente. Al respecto, León dijo que “cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y cambios reales de sanación”.

En síntesis, León XIV viene utilizando su viaje a España como una tribuna para insistir en los ejes de la prédica y el diálogo con la sociedad internacional que estableció a partir de la encíclica Magnifica Humanitas. Sosteniendo, con lenguaje y estilo propio, muchos de los lineamientos que Francisco dejó en la Iglesia Católica.

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