Barnier, sobre las negociaciones con Reino Unido: “No podemos seguir así eternamente”

“No podemos seguir así eternamente”. El negociador jefe de la Unión Europea para el Brexit, Michael Barnier, nunca pierde los nervios ni las formas, pero los intercambios por teleconferencia con sus colegas británicos están logrando minar su paciencia. Una vez al mes, regularmente, el francés acude a la sala de prensa de la Comisión y repite la misma idea: “no hemos logrado avances significativos” y el tiempo se acaba.

Los elementos no están ayudando. La pandemia ha alterado las prioridades en todas partes, y lo que durante casi tres años fue el tema principal y casi único a nivel político entre los 28 es ahora algo secundario, comparado con el virus y las consecuencias económicas. Hacer por webcam algo de este calado es posible, pero lento, incómodo. Y las discrepancias sobre si priorizar una serie de puntos (lo más fáciles), como quieren los británicos, o abordarlo todo, aunque sea difícil, como piden los comunitarios, lo complica aún más. Pero Barnier ha ido hoy un paso más allá, tras concluir la última ronda prevista para el primer semestre del año: “Para ser claros: la falta de progreso no se debe a nuestro método, sino a la sustancia”.

La situación es la siguiente: el periodo de Transición en el que estamos ahora acaba el 31 de diciembre y hay que lograr un acuerdo, por limitado o pírrico que sea, para evitar la ruptura total y sin red de seguridad. Pero dado que cualquier texto legal requiere un proceso lento de ratificación, en realidad el margen es todavía más escaso. “Sin una decisión conjunta, Reino Unido se irá del Mercado Único y la Unión Aduanera en menos de siete meses. Pero viendo el tiempo necesario para ratificar, deberíamos tener un texto jurídico como máximo el 31 de octubre. Eso nos deja sólo cinco meses” afirma el galo desde Bruselas.

“El progreso sigue siendo limitado, pero nuestras conversaciones han mantenido un tono positivo. Estamos en un momento importante, pero cerca de tocar los límites de lo que podemos lograr a través del formato de Rondas formales a distancia. Si queremos avanzar está claro que debemos intensificar y acelerar nuestro trabajo. Estamos discutiendo con la Comisión cómo se puede hacer esto mejor”, ha coincidido el negociador británico, David Frost.

PUNTOS DE BLOQUEO EN LA NEGOCIACIÓN

La sensación que transmiten desde ambas partes es que hay avances, pero no un gran progreso. O al revés. Londres se queja de los “enfoques maximalistas” de Barnier, de su nulo margen de maniobra, y pide más flexibilidad, concentrarse en unas pocas prioridades. Por su parte, la Comisión reitera que hay “cuatro puntos de bloqueo”: la pesca, la cooperación policial y judicial en materia penal, la gobernanza de la futura relación y el llamado level playing field, el que pueda haber un terreno justo con un vecino tan grande y tan próximo. Esto es: miedo a que Londres no respete los estándares actuales y haga competencia desleal con sus impuestos, sus leyes, ayudas de estado o relajando requisitos medioambientales o laborales, por ejemplo.

Esta vez Barnier no ha estado tan duro como en las dos últimas rondas, pero su mensaje es severo: “Mi responsabilidad es decir la verdad y no hay progresos significativos. Sólo pedimos el respeto a la Declaración Política. No podemos seguir eternamente así”, ha lamentado. “En todas las áreas, Reino Unido sigue dando marcha atrás respecto a los compromisos de Declaración política”, ha lamentado Barnier dando ejemplos concretos del documento firmado por Boris Johnson y la realidad diaria. Por ejemplo, en cooperación civil nuclear, la cooperación contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, los vínculos para un marco institucional o el fair play comercial. “Estamos muy lejos todavía”, ha dicho.

La propuesta de los 27 sigue siendo la misma de siempre: si no hay tiempo para hacer las cosas bien, la mejor solución es darse más. “Como ha dicho la presidenta, estamos abiertos a la posibilidad una prórroga de uno o dos años, como está previsto en el Acuerdo de Salida. Nuestra puerta sigue abierta”. En Downing Street y Westminster, sin embargo, no recogen ese guante.

UNA HISTORIA INTERMINABLE DE PLAZOS Y FECHAS

La historia de la negociación del Brexit está llena de fechas, de plazos importantes. El 29 de marzo de 2019, cuando se cumplió el periodo de dos años que fija el Artículo 50 de los Tratados de la UE para la negociación. El 30 de junio, cuando expiró la primera prórroga. El 31 de enero de este 2020, cuando se consumó la salida definitivamente. Y ahora, en el mirador, tenemos dos más. La más importante, sin duda, es el 31 de diciembre, cuando acaba el llamado Periodo de Transición, estos 11 meses en los que Reino Unido ha estado oficialmente ya fuera de la UE, pero teniendo que respetar sus reglas, tribunales y decisiones. Sin presencia en las instituciones, pero sometido a sus decisiones. Ha sido casi un año para negociar la relación futura, qué vínculos tendrán ambos bloques en el futuro, para definir la situación comercial. Una horquilla insuficiente, pero con la esperanza de lograr al menos unos mínimos que hagan innecesarios los controles fronterizos duros o tener que sustentar los intercambios de bienes y servicios con los aranceles que fija la Organización Mundial del Comercio.

Este periodo de Transición se puede prorrogar, uno o dos años más, pero para hacerlo son necesarias dos cosas: que Boris Johnson dé un giro de 180 grados, pues desde el primer día ha jurado y perjurado que no habría extensiones adicionales. Y que, de virar rumbo, lo haga antes del 30 de junio, pues es el límite contemplado en el Acuerdo de Salida. Ese día expira la posibilidad, y aunque técnicamente sería posible pactar algo más adelante, ya no sería mediante un proceso simple como hasta ahora, sino que legalmente requeriría la aprobación de las 27 capitales unas por una y trámites en algunos parlamentos nacionales. Algo lento, lleno de trampas y sin garantías de éxito.

Terminada esta cuarta ronda, toca hacer balance y que los primeros espadas tomen las riendas. Por un lado, a través del llamado comité conjunto (Joint committee), con Michael Gove y el vicepresidente de la Comisión, Maros Sefcovic. Ya no serían técnicos, sino ministros y altos cargos. Por otro, Boris Johnson con los presidentes del Consejo y la Comisión, Charles Michel y Ursula von der Leyen, que se deberían verlas caras a lo largo de las próximas semanas. Ellos tienen margen para llegar allí donde el mandato de Barnier no permite ir. Por ejemplo, en temas de Competencia o ayuda de Estado, pues una cosa con estándares y otra que Reino Unido debiera aplicar leyes europeas puras. Pero sobre todo, para darle carga política y velocidad de crucero al proceso. Autorizando, quizás, algo que funcionó en el otoño de 2018: el túnel. Esto es, permiso para que los técnicos se encierren y hagan lo que tengan que hacer, sin rendir cuentas constantes a las capitales, para moverse a fuerza de concesiones difíciles de tragar para todos.

En última instancia, los jefes de Estado y de Gobierno tendrán que pronunciarse. El próximo día 19 en un Consejo Europeo telemático, pero muy cargado, se verán todos las caras. No está claro aún si abordarán la cuestión, pero todo apunta a que la presión vendrá después de verano.

El representante permanente de Alemania ante la UE, Michael Clauss, fue claro esta semana en un acto organizado por el European Policy Center: “El Brexit va a absorber mucha atención política o la mayor parte de la atención política en septiembre y octubre”, vaticinó. Ya cuando la presidencia temporal de la UE recaiga, precisamente, en la Alemania de Angela Merkel. Con la mirada puesta en el Consejo Europeo de octubre, pero sabiendo, tras cuatro años ya de experiencia, que en el Brexit todo es posible, nada es seguro y la solución rara vez surge hasta el último instante.

Por: Charly Galdeano

Fuente: El Mundo

LEER RADIO D3 AQUI