El comportamiento del Río San Juan durante la primera mitad del año hídrico 2025-2026 confirmó el peor escenario: el caudal registrado quedó incluso por debajo del piso proyectado en el pronóstico oficial, marcando un desplome histórico.
Hasta el 26 de febrero, el derrame acumulado fue de 302 hectómetros cúbicos (hm³), una cifra muy inferior a los 750 hm³ registrados en la misma fecha del ciclo anterior. El dato no solo representa una fuerte caída interanual, sino que además se ubica hasta un 40% por debajo de las estimaciones más conservadoras realizadas a comienzos del período.
Ante este panorama, los equipos técnicos recalcularon las proyecciones para el resto del año hídrico —que se extiende del 1 de octubre al 30 de septiembre— y plantearon tres hipótesis, todas dentro de un escenario de extrema sequía.
En la variante más crítica, el derrame total anual sería de apenas 531 hm³, muy lejos de los 760 hm³ que figuraban como el peor escenario en el pronóstico original. En una proyección intermedia, el acumulado alcanzaría 572 hm³, mientras que en la hipótesis más optimista llegaría a 614 hm³. Incluso este último valor quedaría por debajo del cálculo mínimo previsto a principios de año.
De confirmarse estos números, el ciclo actual se ubicaría entre los más secos de las últimas décadas, en niveles similares a los registrados en 2020/2021 y muy cerca de uno de los peores antecedentes históricos recientes.
Según explicaron autoridades provinciales y especialistas de la Universidad Nacional de San Juan, el principal factor fue una marcada sublimación en la alta cordillera. Las bajas temperaturas prolongadas durante la primavera retrasaron el deshielo y, debido a la escasa humedad ambiente, parte del manto nival pasó directamente de estado sólido a vapor, sin transformarse en agua líquida.
Este fenómeno, habitual en zonas cordilleranas por la intensa radiación solar y la baja densidad atmosférica, se habría intensificado este año, impidiendo que se produjera el esperado pico de derrame entre noviembre y febrero.
El fuerte descenso del caudal condiciona la planificación para el resto del ciclo. Aunque el año anterior permitió cierta recuperación de reservas en los embalses, el actual escenario dificulta la posibilidad de almacenar agua adicional y obliga a revisar la estrategia de distribución entre consumo humano, riego agrícola y generación energética.
Con estos números, la provincia enfrenta un año hídrico complejo, con márgenes de maniobra más estrechos y la necesidad de administrar con mayor precisión cada hectómetro cúbico disponible.
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