Entre la estabilidad y la cautela: economistas sanjuaninos analizan el escenario económico de 2026

Con menor inflación en el horizonte, un nuevo esquema cambiario y tasas aún elevadas, especialistas locales proyectan un año de transición marcado por oportunidades y riesgos latentes.

El inicio de 2026 encuentra a la economía argentina en una etapa de reordenamiento macroeconómico, atravesada por un fuerte ajuste fiscal y monetario, cambios en el régimen cambiario y una marcada desaceleración inflacionaria. En ese contexto, los economistas sanjuaninos Arturo Lépez y Lucas Sánchez, ambos egresados de la Universidad Nacional de San Juan, trazan sus proyecciones para el año, con miradas que combinan expectativas moderadas y advertencias sobre los desafíos que persisten.

Para Lépez, uno de los ejes centrales será el funcionamiento del sistema de bandas de flotación cambiaria. “El esquema apunta a evitar atrasos del tipo de cambio y reducir la volatilidad. Si el dólar se mantiene dentro del corredor previsto y la inflación continúa desacelerándose, el efecto sobre las expectativas puede ser positivo”, explicó. En ese sentido, señaló que distintas consultoras privadas proyectan una inflación anual para 2026 en torno al 15% o 20%, muy por debajo de los niveles registrados en los últimos años.

Esa desaceleración, remarcó, podría habilitar un cambio relevante en la política monetaria. “Con una inflación más baja, las tasas de interés reales pueden empezar a descender. Eso permitiría que el dinero deje de concentrarse en instrumentos financieros y vuelva lentamente al crédito”, sostuvo. Según Lépez, si se consolida un escenario de previsibilidad, podría comenzar una reactivación gradual del crédito hipotecario, aunque aclaró que no será inmediata ni masiva.

Desde una postura más prudente, Lucas Sánchez advirtió que los efectos del ajuste aún condicionan la economía real. “El freno inflacionario se logró a costa de una recesión profunda, y ese impacto no se revierte de un año a otro”, señaló. A su entender, aunque las tasas bajen en términos nominales, seguirán siendo altas en términos reales, lo que limitará el consumo y el acceso al financiamiento productivo.

En relación al dólar, Sánchez consideró que el nuevo régimen ofrece mayor flexibilidad, pero no elimina los riesgos. “Si no se fortalecen las reservas y no se generan dólares genuinos, cualquier shock externo puede presionar el tipo de cambio hacia el techo de la banda”, explicó. Si bien descartó saltos bruscos, advirtió que la incertidumbre cambiaria seguirá presente.

Sobre la actividad económica, Lépez proyectó una recuperación gradual, siempre que se sostenga el orden macroeconómico. “Podría haber un crecimiento moderado, cercano al 3%, impulsado por sectores como la minería, la energía y algunos servicios”, indicó. Sánchez, en cambio, puso el foco en el impacto social. “El salario real está muy deteriorado y eso limita el consumo, que sigue siendo el principal motor de la economía”, afirmó.

Ambos coincidieron en que 2026 será un año de transición, más orientado a consolidar equilibrios que a mostrar resultados contundentes. “Se va a poner a prueba si la estabilidad macro alcanza para generar confianza sostenida”, resumió Lépez. Sánchez concluyó con una advertencia: “La macro puede estar más ordenada, pero si la actividad no reacciona, el costo social del ajuste se vuelve difícil de sostener”.

Op: Juan Llarena

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