Encontraron los restos de un neandertal que murió por una herida de lanza

La escápula tiene un orificio perfecto. Hay evidencias de que fue curado anteriormente y de que fue sepultado con rituales simbólicos. Sorprende el buen estado de conservación.

La escápula de un neandertal atravesada por una lanza. UNIVERSIDAD CAMBRIDGE

Los restos de un neandertal de hace 75.000 mil años encontrados en la cueva de Shanidar en Irak, permitieron deducir que el individuo murió a causa de una herida de lanza y que aquellos antepasados nuestros realizaban actos funerarios simbólicos. El cuerpo también presentaba lesiones graves previas al momento de la muerte, lo que demostraría que recibió cuidados por parte de sus congéneres, que le permitieron sobrevivir.

El espécimen fue hallado en 2020 y esta semana se dieron a conocer los descubrimientos que arrojó el análisis en la revista Scientific Reports. La investigación fue liderada por la Universidad de Cambridge y realizada por científicos del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social de Tarragona (IPHES) y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos.

El individuo fue denominado Shanidar A, por haber sido hallado en la cueva de Shanidar, ubicada en el Kurdistán irarquí, uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del mundo. Descubierta hace casi 70 años, comenzó a excavarse en 1957 y desde entonces se han hallado restos de al menos 10 neandertales de 50.000 a 75.000 años de antigüedad.

La mano derecha está casi completa

Shanidar A fue identificado por los investigadores como un adulto mayor para los estándares neandertales, de aproximadamente 45 años. En la cueva pudo hallarse la mano derecha casi completa, fragmentos de costillas, algunas costillas enteras, la escápula izquierda y siete dientes.

El análisis de los restos reveló que el individuo murió a causa del impacto frontal de una lanza de madera afilada. Si bien no es posible definir las circunstancias de la herida, la autora principal del estudio e investigadora en la Universidad de Cambridge, Emma Pomeroy, consideró que puede tratarse de la evidencia más antigua del uso letal de una lanza de madera: “La posición de la herida y la fuerza necesaria para atravesar por completo el cuerpo del neandertal presentan las características de un golpe dirigido deliberadamente al corazón con intención de matar”, estableció.

La herida ubicada en el tórax dejó un agujero circular de bordes lisos, de aproximadamente 15 milímetros de radio con fracturas radiantes y desplazamiento de fragmentos óseos. El estudio confirmó que se trató de una lesión perimortem, lo que indica que “la perforación se produjo en torno al momento del fallecimiento y no como consecuencia de procesos posteriores”, sostuvo Nohemi Sala, coautora del estudio e investigadora del (CENIEH).

Una conservación asombrosa

La escápula de 75.000 años de antigüedad fue hallada en un excelente estado de conservación, que Pomeroy calificó como “extraordinario”: “Son huesos tan finos que a menudo ni siquiera se recuperan escápulas completas en enterramientos actuales. Aún así, pudimos extraerla de una sola pieza, pese a estar enterrada bajo ocho metros de roca y sedimentos”, remarcó.

En los restos de Shanidar A también se hallaron señales de un fuerte traumatismo en el rostro, que produjo el quiebre de un incisivo y el desplazamiento de los dientes contiguos. A través del análisis del sarro en la dentadura, se pudo establecer que el individuo continuó alimentándose por lo menos durante un año más después de esta herida. Esto indicaría que el neandertal recibió atención por parte de sus congéneres, ya que no podría haber sobrevivido por sí solo a una lesión de este tipo. Pomeroy explicó: “Sobrevivir a un golpe capaz de partir un diente de esta manera y seguir viviendo y alimentándose durante al menos un año, quizá más, habría requerido cuidados y apoyo de otros neandertales”

El dato suma importante evidencia a la teoría de que los neandertales cuidaban de sus congéneres, incluso en casos de individuos con discapacidades como sordera, ceguera parcial o parálisis. Estas atenciones no culminaban con la muerte, puesto que también llevaban adelante prácticas funerarias simbólicas.

Shanidar A fue enterrado en un punto específico de la cueva, una zanja de un metro de profundidad, 1. 5 metros de largo y uno de ancho, un reducto que se utilizó para sepultar a múltiples miembros del grupo. Los restos eran colocados reclinados sobre la espalda, con la cabeza orientada al este y los brazos a los lados o sobre el cuerpo.

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