El inicio de la Semana Santa se vio condicionado por el impacto directo del conflicto en la región. Si bien en el Vaticano se realizó la tradicional procesión de palmas, la histórica peregrinación en Jerusalén fue cancelada por razones de seguridad.
Al respecto, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de dicha ciudad, lamentó que “debido a la guerra, este año no hemos podido realizar la tradicional peregrinación de Cuaresma”.
De esta manera, el pontífice inició las celebraciones litúrgicas con un llamado urgente a la desescalada y una crítica frontal a la validación religiosa de la violencia armada.
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