El Niño y las heladas ponen en alerta a los viñedos de San Juan: las claves para proteger la próxima cosecha

Especialistas de la Unidad Integrada INTA-UNSJ advirtieron sobre el riesgo de peronóspora, oídio y podredumbre de racimos ante una temporada marcada por la variabilidad climática y las bajas temperaturas. Recomendaron anticipar los tratamientos, reforzar el monitoreo y evaluar los daños que la helada de hasta -7 °C provocó en septiembre.

La combinación de lluvias, temperaturas inferiores a las habituales y heladas intensas encendió las alertas en los viñedos de San Juan. En una temporada atravesada por la influencia de El Niño, especialistas de la Unidad Integrada INTA-UNSJ analizaron los principales riesgos sanitarios y fisiológicos que enfrenta la vid y brindaron recomendaciones para reducir las pérdidas de producción y preservar la calidad de la uva.

Durante una jornada técnica destinada a productores, los especialistas Jorge Lafi, titular de la cátedra de Fitopatología, y Beatriz Pugliese, responsable de la cátedra de Viticultura, explicaron cómo las condiciones meteorológicas pueden favorecer la aparición de enfermedades, alterar el desarrollo de las plantas y comprometer incluso la cosecha de 2027.

Uno de los principales puntos de atención es la evolución de El Niño, un fenómeno climático que puede extender sus efectos desde diciembre hasta febrero o marzo. Según explicó el especialista Albors, la temporada actual podría alcanzar la categoría de intensidad muy fuerte. Sin embargo, aclaró que su impacto sobre los valles productivos sanjuaninos es indirecto y difícil de anticipar, debido a la influencia de la cordillera y a la variabilidad de las precipitaciones en la región.

El Niño y las lluvias: qué antecedentes debe tener en cuenta el productor

El análisis de episodios anteriores permitió identificar patrones que pueden servir para planificar la campaña. Albors comparó las temporadas 1997-98 y 2015-16, ambas asociadas a eventos intensos de El Niño, y señaló que en ninguno de los dos casos aumentó el volumen total de precipitaciones del trimestre comprendido entre diciembre y febrero.

La principal diferencia estuvo en la distribución de las lluvias, con variaciones importantes entre los meses. En ambos períodos, febrero se destacó por el incremento de las precipitaciones, un antecedente que refuerza la necesidad de preparar los viñedos para un posible escenario de mayor presión sanitaria durante esa etapa.

El especialista remarcó que no existen dos episodios iguales y que los registros históricos no permiten predecir con exactitud qué sucederá en cada finca. Su utilidad, explicó, consiste en anticipar decisiones, ajustar la maquinaria y planificar las aplicaciones preventivas antes de que las lluvias dificulten el ingreso de los equipos a los cultivos.

Las tres enfermedades que amenazan a la vid

El ingeniero agrónomo Jorge Lafi advirtió que las condiciones de humedad y las precipitaciones pueden favorecer el desarrollo de tres problemas sanitarios: peronóspora, oídio y podredumbre de racimos.

La peronóspora es una de las principales preocupaciones en los viñedos sanjuaninos. El patógeno sobrevive durante el invierno en restos vegetales y suelo, y necesita agua libre para iniciar la infección. En las hojas puede identificarse por manchas amarillentas sin bordes definidos y una pulverulencia blanquecina en el envés cuando la humedad es elevada.

La enfermedad puede provocar una importante caída de hojas y afectar los racimos, donde el daño avanza desde la punta hacia el resto de la estructura. Para confirmar su presencia en el campo, Lafi explicó la técnica de la cámara húmeda, que consiste en colocar una muestra vegetal en una bolsa negra humedecida durante aproximadamente ocho horas, a una temperatura de entre 15 y 20 grados, y observar si aparece la característica eflorescencia blanquecina.

El oídio, por su parte, está presente todos los años y no depende de la presencia de agua libre. Se desarrolla con un amplio rango de temperaturas y encuentra condiciones favorables en ambientes con humedad relativa elevada y vegetación densa, donde la ventilación es limitada.

En las hojas produce manchas y una cobertura blanquecina, mientras que en los racimos puede afectar el crecimiento de las bayas. Cuando el ataque ocurre en una etapa temprana, la piel deja de crecer al mismo ritmo que la pulpa y las semillas, lo que puede provocar rajaduras y pérdidas comerciales. En la uva de mesa, además, los daños pueden comprometer la apariencia del producto.

La tercera amenaza es la podredumbre de racimos, vinculada principalmente al hongo Botrytis cinerea y a otros microorganismos. Su aparición se ve favorecida por la humedad, las temperaturas moderadas y los racimos compactos, especialmente cuando las bayas acumulan más azúcar.

Además de reducir el rendimiento, la enfermedad puede afectar la elaboración del vino, al generar sabores indeseados, alterar la coloración y favorecer la presencia de micotoxinas. El período de mayor atención se concentra en la precosecha, entre 10 y 20 días antes de la recolección, cuando las lluvias pueden acelerar el deterioro de los racimos.

Prevención y monitoreo: las recomendaciones para la campaña

Frente a este escenario, Lafi insistió en la importancia del manejo integrado, con prácticas culturales y tratamientos planificados según el estado fenológico de la vid y las condiciones meteorológicas.

Entre las medidas recomendadas se encuentran el deshoje estratégico para mejorar la ventilación, el equilibrio de la carga productiva, el riego de precisión y una fertilización equilibrada. A esto se suma el monitoreo permanente de los cultivos y el seguimiento de los pronósticos para definir el momento oportuno de las aplicaciones.

Uno de los principales desafíos es la denominada ventana logística: cuando las lluvias dejan el suelo anegado, los tractores pueden quedar imposibilitados de ingresar al viñedo durante varios días. Esa demora puede hacer que un tratamiento preventivo pierda eficacia, especialmente frente a la peronóspora, cuyo ciclo de infección puede completarse en apenas seis o siete días.

El especialista también recomendó prestar atención a la resistencia de los productos al lavado por lluvia, asegurar una buena cobertura de las plantas y evitar la repetición consecutiva de un mismo principio activo más de dos veces. Aclaró, además, que la acción sistémica de un fungicida es limitada y que ningún producto puede recuperar un tejido que ya sufrió necrosis.

En cuanto a la brotación despareja registrada esta temporada, Lafi señaló que, si el cultivo supera el 30% de floración y se pronostican lluvias para los diez días siguientes, es necesario evaluar el inicio de las aplicaciones sin esperar a que todos los brotes alcancen el mismo desarrollo. Las decisiones deben ajustarse a las condiciones del lote y a los productos autorizados para cada etapa.

Respecto de los drones, consideró que pueden ser útiles para tareas preventivas generales y permitir un ahorro considerable de tiempo. Sin embargo, advirtió que los volúmenes de aplicación habituales de estos equipos podrían resultar insuficientes para garantizar la cobertura del racimo en los momentos de mayor riesgo, cuando prefiere el uso de equipos terrestres.

La helada de septiembre también compromete la próxima cosecha

Las enfermedades no son el único motivo de preocupación. Beatriz Pugliese analizó las consecuencias de la helada registrada en septiembre de 2026, cuando las temperaturas llegaron a -7 °C, y explicó que el daño puede extenderse más allá de la campaña actual.

En las variedades tempranas se detectaron yemas afectadas que, al brotar, dieron lugar a racimos con problemas de cuaje, bayas pequeñas y deformaciones. En los casos más severos se registró la muerte de yemas, necrosis de tejidos internos y rajaduras en los troncos. También aparecieron daños en hojas jóvenes, con bordes necrosados que pueden confundirse con síntomas de enfermedades.

La especialista explicó que octubre es una etapa decisiva para la vid, porque coincide con un primer pico de crecimiento de las raíces y con la inducción de las yemas que darán origen a los racimos de la próxima temporada. Por eso, cualquier daño que afecte el desarrollo de la planta en este período puede repercutir tanto en la producción actual como en la cosecha de 2027.

Pugliese también advirtió sobre la importancia de controlar plagas como la lobesia y la cochinilla, esta última relevante por su capacidad de transmitir virus. A su vez, recomendó realizar análisis de tejido vegetal para distinguir las enfermedades de las deficiencias nutricionales, especialmente durante períodos fríos y nublados, cuando la actividad fotosintética disminuye y pueden aparecer síntomas similares.

La especialista señaló que la fotosíntesis de la vid alcanza su temperatura óptima entre los 25 y 30 grados y comienza a reducirse por debajo de los 20. Estas condiciones pueden limitar la producción de azúcares y alterar el equilibrio fisiológico de la planta.

Una temporada que exige anticiparse

La jornada concluyó con un mensaje común: frente a un escenario climático variable, la prevención y el seguimiento técnico resultan fundamentales para reducir los riesgos en los viñedos sanjuaninos.

La información histórica sobre las lluvias, el monitoreo de las enfermedades y la evaluación de los daños por frío deben funcionar como herramientas para tomar decisiones, sin asumir que los fenómenos se repetirán de manera idéntica.

El desafío para los productores será ajustar las prácticas de manejo a las condiciones de cada finca, proteger los racimos durante las etapas más sensibles y cuidar el desarrollo de las plantas para evitar que los efectos de esta temporada se prolonguen hasta la próxima cosecha.

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