Cuatro crímenes y un misterio que sigue sin resolverse: el caso del asesinato de los estudiantes de Idaho que conmocionó a EE. UU.
Una muestra de ADN permitió identificar que el responsable era un alumno de la carrera de Criminología. Sin embargo, nunca se supo qué lo llevó a cometer los homicidios.
En la mañana del 13 de noviembre de 2022, un llamado al 911 alertó por un hecho inesperado cerca del campus de la Universidad de Idaho, en Estados Unidos: cuatro estudiantes de entre 20 y 21 años habían sido asesinados a puñaladas.
Las víctimas eran Madison Mogen, Kaylee Goncalves, Xana Kernodle y Ethan Chapin, todos fueron encontrados dentro de la casa que alquilaban para vivir mientras cursaban su carrera universitaria en la ciudad de Moscow.
La escena del crimen dejó desconcertados a los investigadores, ya que el caso parecía no tener explicación. No había sospechas de que los chicos tuvieran un “enemigo” y no estaba claro cuál había sido el motivo del hecho.
Sin embargo, una funda de cuchillo que había quedado olvidada sobre una de las camas, el registro de un auto blanco captado por las cámaras de seguridad y meses de análisis forenses terminaron llevando a los policías hasta un sospechoso inesperado.
El crimen
La casa ubicada en el 1122 de King Road era un punto de encuentro habitual para estudiantes de la Universidad de Idaho. Allí vivían cinco jóvenes que cursaban distintas carreras y compartían la rutina universitaria entre clases, trabajos y reuniones con amigos.
Madison Mogen y Kaylee Goncalves, ambas de 21 años, eran mejores amigas desde la infancia. Habían crecido juntas y, aunque Kaylee ya se había mudado porque estaba a punto de graduarse, había vuelto ese fin de semana para visitar a sus amigos y mostrarles el auto que se acababa de comprar.
En la misma propiedad vivía Xana Kernodle, de 20 años, estudiante de Marketing. Esa noche había salido junto a su novio, Ethan Chapin, también de 20, que estudiaba Recreación, Deportes y Turismo en la misma facultad. Ethan no vivía ahí, pero se había quedado a dormir después de que ambos regresaran de una fiesta organizada por la fraternidad.
La sexta integrante de la casa y otra compañera sobrevivieron al ataque. Ambas permanecieron en sus habitaciones durante la madrugada y fueron quienes, horas después, dieron aviso a las autoridades al advertir que algo no estaba bien.

La noche del 12 de noviembre, los cuatro jóvenes hicieron planes por separado y volvieron a la casa durante la madrugada. Lo que ocurrió en las horas siguientes pudo reconstruirse gracias a cámaras de seguridad, registros de celulares y los testimonios obtenidos durante la investigación.
Según la acusación, un hombre llegó hasta la zona en un Hyundai Elantra blanco poco después de las 4 de la mañana. El vehículo fue captado en varias oportunidades circulando alrededor de la casa antes de detenerse.
Los investigadores sostuvieron que el sospechoso ingresó por una puerta corrediza ubicada en la parte trasera de la propiedad y comenzó el ataque en el tercer piso, donde dormían Madison y Kaylee. Luego bajó al segundo nivel y asesinó a Ethan y a Xana.
Una de las sobrevivientes declaró después que escuchó ruidos durante la madrugada y abrió la puerta de su habitación en varias oportunidades. En una de ellas vio pasar a un hombre vestido de negro, con la cara parcialmente cubierta y cejas pobladas, que salió de la casa sin atacarla. Asustada, se quedó encerrada hasta que horas más tarde se descubrieron los cuerpos de los cuatro estudiantes.
Durante semanas, la policía trabajó sin un sospechoso identificado. Sin embargo, una pequeña pieza olvidada en la escena del crimen terminaría siendo la clave para resolver el caso.

Las pistas que llevaron a un enigma
En la primera etapa de la investigación, los agentes entrevistaron a cientos de personas, analizaron fotos y videos, y recibieron muchos llamados con posibles pistas. El objetivo no solo era saber quién estaba detrás de los crímenes, sino entender el motivo.
La primera prueba clave fue encontrada dentro de la casa. Sobre una de las camas los peritos hallaron la funda de un cuchillo de uso militar Ka-Bar. En el broche, recuperaron una muestra de ADN que, meses más tarde, sería determinante para identificar al responsable.
Al mismo tiempo, los investigadores analizaron las cámaras de seguridad instaladas en las calles y las propiedades de Moscow. Así fue como detectaron un Hyundai Elantra blanco que había pasado varias veces frente a la casa durante la madrugada del crimen.
Ese vehículo pertenecía a Bryan Kohberger, un estudiante de 28 años del doctorado en Criminología de la Universidad Estatal de Washington, ubicada a pocos kilómetros de Moscow.

Los registros de telefonía celular también resultaron fundamentales, ya que permitieron establecer que el sospechoso se había conectado en reiteradas oportunidades a antenas cercanas a la casa durante los meses previos a los asesinatos, un dato que reforzó la idea de que había vigilado el lugar antes.
Con todas esas pruebas, el 30 de diciembre de ese mismo año, agentes del FBI y de la Policía detuvieron a Kohberger en la casa de sus padres en Pensilvania, donde había viajado para pasar las fiestas de fin de año.
El juicio y la condena
Durante más de dos años, el caso avanzó hacia un juicio que prometía convertirse en uno de los más importantes de la historia criminal de Idaho.
Sin embargo, el proceso dio un giro inesperado en 2025, cuando Bryan Kohberger aceptó un acuerdo con la fiscalía y se declaró culpable de los cuatro asesinatos para evitar un juicio en el que podía ser condenado a muerte.
Como parte del acuerdo, renunció a apelar la condena y aceptó una sentencia de cuatro cadenas perpetuas consecutivas, sin posibilidad de acceder a la libertad condicional.

Durante la audiencia de sentencia, familiares y amigos de las víctimas describieron el profundo impacto que los crímenes tuvieron en sus vidas y reclamaron respuestas que nunca llegaron.
Actualmente, Kohberger permanece alojado en la Institución de Máxima Seguridad de Idaho, donde cumplirá su condena.
El misterio que sigue sin resolverse
Si bien la Justicia logró determinar quién fue el autor material de los asesinatos, una de las preguntas que sigue sin respuesta es por qué lo hizo.
Por su parte, Kohberger nunca explicó cuál fue el motivo del ataque. Al declararse culpable, evitó el juicio, pero, además, no tuvo que dar una reconstrucción detallada de los hechos ni responder preguntas sobre el móvil.
Con el paso del tiempo surgieron distintas teorías: algunas sostienen que pudo haber desarrollado una obsesión con las víctimas; otras apuntan a que su interés por la criminología derivó en una fascinación por los asesinos. Sin embargo, ninguna de estas hipótesis fue confirmada por la fiscalía.
El caso volvió a cobrar relevancia en los últimos días con el estreno del documental Los asesinatos de Idaho, en el que se reconstruye la historia a partir de testimonios de familiares, investigadores y personas cercanas a las víctimas.
fuente:tn
op: checo murciano
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