Brasil debatirá la reducción de la jornada laboral a 40 horas sin baja salarial

El Gobierno de Lula enviará al Congreso un proyecto con carácter urgente para pasar de 44 a 40 horas semanales. La iniciativa genera respaldo sindical y fuerte resistencia empresarial.

Tras el cierre del Carnaval, Brasil volverá a la agenda política con un debate de alto impacto: el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva enviará al Congreso un proyecto de ley para reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales sin afectar los salarios.

La propuesta, impulsada por el Partido de los Trabajadores (PT), busca dejar atrás el esquema de seis días de trabajo y uno de descanso para avanzar hacia una semana laboral de cinco días con dos jornadas libres. El objetivo, según el oficialismo, es mejorar la calidad de vida de millones de trabajadores sin que ello implique una reducción de ingresos.

El proyecto ingresará con carácter de urgencia, un mecanismo constitucional que obliga al Parlamento a tratarlo en un plazo máximo de 45 días. Si no se debate en ese período, la iniciativa pasará a bloquear el resto de la agenda legislativa, una herramienta que el Gobierno utilizará para evitar demoras en comisiones.

“El debate es una demanda concreta de la sociedad”, aseguró el jefe del bloque del PT en la Cámara de Diputados, Lindbergh Farias, al defender la aceleración del tratamiento. Para el Ejecutivo, la reducción de la jornada se perfila como una nueva bandera social, luego del aumento del salario mínimo, la ampliación de la exención del impuesto a la renta y los programas de asistencia para sectores vulnerables.

El texto prevé un período de transición y contempla mecanismos de compensación para pequeñas y microempresas, con el objetivo de amortiguar el impacto económico. Desde el Gobierno subrayan que la iniciativa no apunta solo a “trabajar menos”, sino a mejorar la productividad.

En esa línea, el ministro Guilherme Boulos citó un estudio de la Fundación Getulio Vargas que analizó la experiencia de 19 empresas brasileñas: el 72% registró un aumento en sus ingresos tras reducir la carga horaria. “Un trabajador más descansado es más productivo. Con solo un día libre, muchas veces ese tiempo se destina a tareas domésticas y se regresa al trabajo agotado”, sostuvo.

Sin embargo, el proyecto enfrenta una fuerte oposición del sector empresarial. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) calificó la iniciativa como una “trampa populista” y advirtió sobre posibles incrementos de costos para empresas y para el Estado en un contexto económico aún sensible.

El debate en Brasil se suma a una discusión que atraviesa a varios países. México y Chile ya avanzaron en reformas para reducir la jornada laboral, mientras en América Latina crece el análisis sobre cómo equilibrar competitividad, productividad y derechos laborales en un escenario global cada vez más exigente.

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