Apicultura bajo presión: cómo la polinización se convirtió en el motor que mantiene a flote a los productores sanjuaninos

Ante una crisis hídrica que lleva más de una década, los apicultores locales desplazaron el foco de la producción de miel hacia el alquiler de colmenas. La falta de ejemplares para abastecer cultivos clave obliga incluso a importar servicio desde Mendoza.

La apicultura en San Juan atraviesa un complejo escenario marcado por la sequía más extensa de la historia reciente, un fenómeno que obligó al sector a redefinir su modelo de negocio. En un contexto donde la napa freática se encuentra cada vez más baja y la flora nativa se ve seriamente afectada por más de una década de déficit hídrico estructural, la producción de miel ha cedido protagonismo frente al alquiler de colmenas para la polinización agrícola.

Según estudios del Consejo Interinstitucional de Gestión Integral del Agua en el Árido (CIGIAA), las cuencas de los ríos San Juan y Jáchal acumulan coberturas de nieve por debajo de la media histórica, configurando un panorama de baja disponibilidad de agua. Esta restricción hídrica redujo la floración silvestre y la infiltración tradicional de los canales de riego, resintiendo los rendimientos de miel y empujando a los apicultores a buscar alternativas de ingresos sostenibles.

Números y expansión geográfica del sector

Actualmente, San Juan cuenta con apenas 70 apicultores en actividad efectiva —de un total de 145 inscriptos en el Registro Nacional de Productores Apícolas (RENAPA)— y una población cercana a las 7.000 colmenas vigentes. La producción provincial ronda los 108.715 kilos de miel anuales, con una media de 16 kilos por colmena, situando al departamento Sarmiento como el principal polo apícola al concentrar el 15,7% del total provincial.

Asimismo, la actividad muestra una paulatina expansión hacia el norte (Huaco e Iglesia) y hacia el oeste (Calingasta). Esta migración responde al cumplimiento de la legislación semillera, que exige distancias mínimas de 2,5 kilómetros entre cultivos compatibles para evitar cruzamientos, lo que saturó la zona tradicional del Valle de Tulum y abrió nuevos horizontes productivos.

La polinización como pilar económico

Hoy en día, aproximadamente la mitad de las colmenas sanjuaninas se destinan al servicio de polinización para cultivos intensivos de semillas de cebolla, zanahoria y alfalfa. Aun así, la oferta local resulta insuficiente: el sistema requiere unas 5.000 colmenas adicionales por temporada, las cuales deben ser ingresadas desde la provincia de Mendoza para cubrir la demanda.

La preferencia de los apicultores por la polinización responde a ventajas operativas y financieras inmediatas, ya que el servicio se cobra por adelantado y al contado, a diferencia del proceso de extracción, envasado y comercialización que exige la miel.

Consumo interno y perspectivas de diversificación

A diferencia del panorama nacional —donde Argentina alcanzó registros históricos de exportación de miel superando los 200 millones de dólares—, la escala sanjuanina no resulta competitiva para el comercio exterior. Por ello, la producción local se comercializa casi en su totalidad dentro de la provincia a través de venta directa al consumidor.

Frente a esta limitación, las políticas públicas provinciales y los productores apuntan a la diversificación de la matriz productiva. Entre los principales proyectos destacan la producción de polen, la cría de abejas reinas y la certificación de mieles diferenciadas (orgánicas, kosher o agroecológicas) en zonas protegidas como Valle Fértil, iniciativas que permiten acceder a valores hasta un 30% superiores a los del mercado convencional

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