A no caer en trampas: Boca dejó su identidad en Brasil

El invicto de Boca Juniors llegó a su fin en Brasil, y no tanto por mérito de su rival, sino por haber abandonado su principal fortaleza: el juego. En un contexto adverso, el equipo cayó en la propuesta física de Cruzeiro y terminó perdiendo mucho más que tres puntos.

Desde el inicio, el Xeneize aceptó un partido de roce, fricción y desorden, alejándose de la idea que le había permitido encadenar 14 encuentros sin derrotas. Aquella identidad basada en la circulación y la paciencia quedó relegada a momentos aislados. La única aproximación clara en el primer tiempo fue a los 13 minutos, en una jugada que insinuó lo que Boca podía haber sido: recuperación, pase limpio y profundidad. Pero fue apenas un espejismo.

Entre los 15 y 30 minutos, el mediocampo logró adueñarse parcialmente del trámite. Paredes y Aranda mostraron conexión y criterio, aunque sin traducir ese dominio en situaciones concretas.

El partido cambió definitivamente por la intervención del árbitro Esteban Ostojich, cuya actuación fue tan inconsistente como determinante. Tras un inicio de tarjetas rápidas, pasó a una permisividad desconcertante antes de inclinar la balanza con una expulsión insólita a Adam Bareiro. El delantero, que tampoco supo leer el contexto, quedó expuesto en un partido donde cada acción era evaluada al límite.

Con diez hombres, Boca perdió aún más claridad. Si bien Cruzeiro manejó más la pelota en el complemento, no generó peligro real hasta los cambios de Claudio Úbeda. La decisión de replegarse con una línea de cinco y resignar presencia ofensiva terminó de sellar el destino del equipo. Sin un referente de área y con Exequiel Zeballos aislado, Boca quedó partido y sin respuestas.

El rendimiento individual reflejó el desconcierto colectivo. Algunos puntos altos aislados y varios niveles bajos: errores defensivos, poca generación y un dato contundente que resume la noche: cero remates en más de 90 minutos.

El cierre, cargado de discusiones y nerviosismo, se pareció más al de una eliminación que al de un equipo que aún se mantiene competitivo en la fase de grupos.

Boca no perdió solo un partido: perdió su eje. Y en torneos de este nivel, olvidar quién sos puede ser más peligroso que cualquier rival. La clave estará en recuperar rápidamente esa identidad y, sobre todo, evitar caer nuevamente en trampas que lo alejen de su mejor versión.

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