Vivienda, salarios e incertidumbre: las causas del descontento que atraviesa a las democracias

La politóloga y socióloga española Cristina Monge analizó en Infobae las razones del malestar social, la pérdida de confianza en las instituciones y el avance de los discursos autoritarios.

El encarecimiento de la vivienda, los salarios que no alcanzan, las alarmas climáticas y el deterioro de la confianza pública componen el mapa del descontento que atraviesa a las democracias.

“Tomemos estos descontentos, estos malestares y hagamos de ellos una fuerza de transformación social”, sostuvo Cristina Monge, politóloga y socióloga española y autora de Contra el descontento.

“Nos sobran los motivos para estar descontentos y para expresar malestar”, sostuvo al referirse a una época en la que las dificultades materiales se mezclan con la sensación de que el futuro perdió nitidez.

El malestar nace de problemas concretos y de un horizonte incierto

La autora dedicó más de la mitad de su libro a revisar las causas de ese descontento. La cuestión, explicó, empieza después de reconocerlas: “¿Qué hacemos con estos descontentos y con este malestar?”. Su respuesta es orientar esa energía hacia “el futuro que queramos construir”, en lugar de dejarla fijada en la queja o la parálisis.

El horizonte, según Monge, se volvió difícil de leer para una parte de la sociedad. A la preocupación por la crisis climática, con olas de calor, inundaciones e incendios forestales, se suman las dudas sobre los efectos de la revolución digital, la inteligencia artificial y los cambios en el trabajo. “La incertidumbre creo que es una de las palabras claves del momento actual”, afirmó.

Esa incertidumbre no se limita a lo económico ni a las amenazas ambientales. También alcanza a la confianza en la democracia y en la capacidad de las sociedades para enfrentar problemas comunes. “Desconfiamos de las instituciones”, dijo Monge, al enumerar a gobiernos, parlamentos, partidos políticos, medios de comunicación, universidades y tribunales.

El deterioro de la confianza pública afecta a los parlamentos, la justicia, las universidades y los partidos políticos (captura de video)El deterioro de la confianza pública afecta a los parlamentos, la justicia, las universidades y los partidos políticos (captura de video)

La pérdida de confianza alimenta la búsqueda de respuestas regresivas

Cuando el porvenir aparece asociado al riesgo y las instituciones dejan de ofrecer una respuesta convincente, pueden ganar lugar las propuestas que idealizan un tiempo anterior. “Miramos hacia delante y vemos un futuro distópico, un futuro horrible”, señaló la politóloga al describir un clima que favorece promesas de restauración.

Monge ubicó ese mecanismo en el comportamiento electoral de sectores de Estados Unidos que habían acompañado a Donald Trump y después votaron por el Partido Demócrata. Para esos votantes, explicó, el entonces presidente representaba una alternativa frente al sistema político, pero la expectativa se debilitó frente a sus resultados: “Donald Trump no les está protegiendo”.

El cambio, añadió, tuvo relación con la percepción de que las políticas de Trump no modificaban las condiciones de vida de quienes lo habían apoyado. “Han visto lo que se dice y ese voto ha cambiado radicalmente”, indicó.

La observación condensa una de las preguntas de fondo de la entrevista: cuánto tiempo puede sostenerse una promesa de cambio cuando no mejora la vida cotidiana.

La vivienda y los salarios exponen el núcleo material del descontento

En ese plano, la vivienda ocupa un lugar central. “El problema de la vivienda es un problema no solamente de la Argentina”, afirmó Monge, quien vinculó ese conflicto con movilizaciones sociales en España y con la dificultad de amplios sectores para sostener un alquiler o acceder a una casa propia.

La comparación con el movimiento del 15-M permite ver el desplazamiento del problema en España. Entonces, recordó, buena parte de las protestas se dirigía contra los desalojos de quienes no podían pagar sus hipotecas; ahora, el foco está en quienes no logran afrontar el alquiler. “Hay un cambio enorme”, resumió.

Los bajos salarios y la precariedad laboral completan un cuadro que restringe los proyectos de vida. “El ser humano necesita expectativa, necesita un futuro, necesita esperanza”, sostuvo Monge. Para la autora, las respuestas públicas deben atender esas condiciones materiales y, al mismo tiempo, recuperar una idea compartida de futuro.

Las nuevas generaciones discuten nuevos valores

La politóloga situó parte de esa discusión entre los jóvenes, atravesados por la crisis financiera de 2008, la pandemia y la guerra en Europa durante sus años de socialización. Allí aparecen cuestionamientos a la democracia, los derechos humanos, el feminismo y la ecología. “Eso que consideramos que es lo normal, es contra lo que protestan estos jóvenes”, dijo.

Ese rechazo a valores que para otras generaciones formaban parte de consensos básicos puede derivar en adhesiones a discursos de orden. “Lo que aparece son esos mensajes autoritarios”, advirtió Monge.

Su planteo no reduce el fenómeno a una cuestión generacional, sino que lo vincula con la fragilidad de las expectativas y con la ausencia de respuestas políticas capaces de organizar el descontento.

La conversación también se detuvo en cómo se forman las miradas sobre la realidad. Monge definió a la democracia como un sistema de toma de decisiones y, a la vez, como un espacio de conversación pública donde circulan opiniones y emociones.

“Sabemos más de una sociedad por su estado de emoción que por su estado de opinión”, afirmó.

En ese terreno, la caída de la confianza en el periodismo abre otra vía de vulnerabilidad. “Cuando la confianza de la ciudadanía en los medios de comunicación cae, es terreno abonado para la desinformación”, señaló.

Monge observó que, frente a esa pérdida de credibilidad, muchas personas conceden más valor a mensajes enviados por contactos cercanos que a la información producida por periodistas acreditados.

Fuente: INFOBAE

Por: G. Herrera

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