El Niño en San Juan: la doble cara entre el fin de la sequía y el riesgo de tormentas severas

Si bien el fenómeno promete mayor acumulación de nieve en cordillera para recuperar los diques, los organismos oficiales advierten sobre un verano con tormentas estivales intensas, granizo y peligro de aluviones en el piedemonte.

El fenómeno de El Niño (ENOS) continúa consolidándose en el escenario climático global a raíz del sobrecalentamiento anómalo en el Océano Pacífico ecuatorial. Aunque en zonas como el Litoral argentino se traduce en inundaciones directas, en San Juan genera un impacto dual: representa un alivio histórico tras más de una década de sequía, pero también exige un fuerte plan de prevención contra eventos extremos.

1. Más nieve en la alta cuenca y recuperación de los embalses

El mayor beneficio estructural para la provincia ocurre en la alta montaña. Según el Departamento de Geofísica y Meteorología de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), El Niño debilita el Anticiclón del Pacífico Sur, la barrera natural que suele frenar las masas de aire húmedo.

Al ceder este bloqueo, se incrementa la frecuencia e intensidad de las nevadas en la cuenca del Río San Juan, el principal recurso hídrico de la provincia. Esta acumulación resulta clave para recuperar los niveles de los diques y asegurar el agua para el consumo y la producción agrícola.

2. Mayor inestabilidad y tormentas estivales intensas

El reverso de este fenómeno se manifestará durante la temporada estival en los valles y zonas precordilleranas. De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la fase cálida del ENOS aumenta la energía acumulada en la atmósfera.

Esto no implica lluvias continuas, sino un ambiente propicio para tormentas aisladas de desarrollo rápido, caracterizadas por:

  • Caída de granizo.

  • Ráfagas de viento de gran intensidad.

  • Abundante descarga eléctrica.

  • Precipitaciones concentradas y abundantes en breves lapsos.

3. El desafío del deshielo y el riesgo aluvional

El abundante manto nival también requiere un seguimiento riguroso por parte del Ministerio de Infraestructura y el Departamento de Hidráulica. Durante la primavera y el verano, el ascenso de la temperatura genera el proceso de fusión.

Un incremento brusco del calor o lluvias cálidas sobre la masa de nieve pueden acelerar el escurrimiento superficial, desencadenando crecidas repentinas en arroyos y aluviones en las zonas de piedemonte, lo que exige reforzar los controles e infraestructura de contención en el territorio.

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