La técnica japonesa de las redes rojas que busca combatir las plagas sin agroquímicos
Una tecnología desarrollada en Japón utiliza mallas de colores para alterar la percepción visual de determinados insectos y proteger los cultivos. El método permite reducir el uso de pesticidas y se incorpora como una alternativa dentro del manejo integrado de plagas.
El desarrollo de nuevas tecnologías para una agricultura más sustentable llevó a investigadores y productores a probar estrategias poco convencionales para proteger los cultivos. Entre ellas se destaca una técnica desarrollada en Japón que utiliza redes de color, especialmente rojas, para dificultar la acción de determinados insectos sin recurrir exclusivamente a los agroquímicos.
A diferencia de las mallas tradicionales, que funcionan principalmente como una barrera física, las redes rojas aprovechan la manera en que algunas plagas perciben la luz y distinguen su entorno. El objetivo es alterar esa percepción y hacer que las plantas sean menos atractivas para los insectos.
Uno de los principales focos de esta tecnología son los trips, pequeños insectos capaces de provocar daños en diferentes cultivos y transmitir virus a las plantas. Las investigaciones realizadas en Japón mostraron que determinadas tonalidades pueden interferir en la respuesta visual de estas plagas y contribuir a reducir su presencia.
Una alternativa para reducir los pesticidas
El uso de estas mallas puede disminuir la necesidad de aplicar insecticidas, al dificultar el ingreso de los insectos al área cultivada. De esta manera, la técnica puede integrarse a estrategias de manejo que buscan reducir la dependencia de productos químicos.
Otro de los aspectos destacados es que las redes pueden fabricarse con aberturas relativamente grandes. Esto permite mantener una adecuada circulación de aire y el ingreso de luz, dos factores importantes para el desarrollo de las plantas.
La tecnología también cobra relevancia frente al problema de la resistencia de algunas plagas a los insecticidas. Al tratarse de un mecanismo que actúa sobre el comportamiento y la percepción del insecto, puede complementar otras herramientas utilizadas para controlar las poblaciones de organismos perjudiciales.
Pruebas en cultivos
Los ensayos realizados en Japón incluyeron cultivos como el cebollín japonés, donde se registraron reducciones en los daños provocados por determinadas plagas y mejores niveles de protección.
El método no plantea necesariamente reemplazar todas las herramientas tradicionales, sino incorporarse a un sistema de manejo integrado de plagas. En ese esquema, las redes de colores pueden combinarse con controles biológicos, monitoreo de los cultivos y otras estrategias destinadas a mantener las poblaciones de insectos bajo niveles que no comprometan la producción.
La experiencia japonesa despertó interés fuera de Asia y puso el foco en una alternativa que combina una barrera física con un efecto visual sobre los insectos. Para los productores, el desafío será determinar en qué cultivos, condiciones climáticas y regiones la tecnología puede ofrecer mejores resultados y contribuir a una agricultura con menor utilización de agroquímicos.
Op. F. Casas

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