El mercado de alquileres en San Juan en la mira: la oferta de casas familiares subió un 10%, pero aún es insuficiente

Aunque mejoró la disponibilidad y los precios de algunas propiedades se acomodaron tras la expectativa minera, la demanda supera ampliamente al stock disponible en las zonas más requeridas.

El mercado inmobiliario sanjuanino atraviesa una etapa de reacomodamiento y matices. Por un lado, durante 2026 la oferta de viviendas familiares para alquilar registró un incremento cercano al 10%; por otro, la brecha entre la oferta y las consultas del público continúa marcando un déficit significativo. Actualmente, las inmobiliarias locales solo logran dar respuesta a cuatro de cada diez pedidos orientados a casas familiares.

La demanda de vivienda familiar se concentró principalmente en tres departamentos clave de la provincia: Capital, Rivadavia y Santa Lucía. En cuanto a las cifras que rigen las búsquedas, una casa estándar de tres dormitorios, cocina-comedor y cochera se ubica con un piso inicial de $800.000 mensuales. Por su parte, el segmento más exclusivo —que abarca inmuebles con quincho, piscina, terrenos más amplios o espacio para varios vehículos— inicia sus valores desde $1.500.000 por mes, franja en la que los especialistas advierten que todavía persisten algunos precios sobrevaluados.

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Este reajuste de valores se vincula directamente con el comportamiento que tuvo el sector minero. Previamente, la expectativa de una rápida llegada de personal y firmas mineras impulsó a que ciertos propietarios fijaran montos elevados. Al constatarse que dicho flujo no sería inmediato, los precios debieron adaptarse a la capacidad adquisitiva del mercado residencial tradicional, reincorporando propiedades al circuito de inquilinos particulares.

En materia de contratación, el panorama actual exhibe mayor estabilidad contractual. Los acuerdos suelen pactarse a dos años con actualizaciones trimestrales o ajustadas por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), un esquema que brinda previsibilidad tanto al arrendador como al inquilino.

Sin embargo, el horizonte no deja de generar prevenciones. El mayor temor del sector inmobiliario radica en lo que sucederá cuando los desarrollos mineros entren en fases operativas de mayor volumen. De no incrementarse sustancialmente el parque de viviendas disponibles, prevén una competencia desigual donde se priorizará el perfil de los trabajadores mineros por sobre empleados de otros rubros o del sector público.

Rivero. C

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