Las pruebas clave que contradicen la versión de Carlos Rivero en el femicidio de Camila Vecchiarello
La Fiscalía de San Juan recolectó una serie de elementos probatorios que confrontan directamente el relato del esposo y único acusado, quien aseguró que la joven se quitó la vida. Lesiones defensivas, un grito nocturno, una carta de despedida y su conducta posterior sostienen la imputación por homicidio agravado.
La versión que Carlos Gonzalo Rivero brindó ante la Justicia sobre la muerte de su esposa, Camila Agustina Vecchiarello, quedó en el centro de la polémica y fue duramente cuestionada por los investigadores. Para la Fiscalía, las evidencias incorporadas al expediente durante la investigación por femicidio permiten reconstruir una secuencia de hechos completamente diferente a la relatada por el acusado.
La coartada del imputado
Ante el juez de garantías Federico Rodríguez, Rivero negó rotundamente haber asesinado a su esposa. En su declaración, sostuvo que la discusión se originó porque él había decidido regresar a Salta tras quedar de baja del proceso de ingreso a Gendarmería.
Según su testimonio, Camila tomó un cuchillo y se lo clavó en el cuello, para luego salir al pasillo, resbalarse con la sangre y provocarse otra herida mortal del lado opuesto. “Se puso loca y empezó a darse cuchillazos”, afirmó el acusado ante la Justicia.
Las evidencias que desarman el relato
Frente a esta coartada, el Ministerio Público Fiscal —integrado por el fiscal Adolfo Díaz, los ayudantes fiscales César Recio y Romina Mascarell, y la auxiliar Carolina García— contraatacó con pruebas clave que complican al imputado:
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Heridas defensivas: La autopsia determinó que Camila presentaba múltiples cortes en las manos, lesiones compatibles con mecanismos de defensa al intentar protegerse de un ataque. La hipótesis fiscal sostiene que Rivero primero la golpeó en el rostro y la atacó con un primer cuchillo, utilizando luego una segunda arma blanca para herirla mortalmente en el cuello.
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El testimonio clave: Un gendarme que residía en las inmediaciones del complejo de departamentos —exclusivo para personal y aspirantes de la fuerza— aseguró haber escuchado el grito desgarrador de una mujer alrededor de la 01:30 de la madrugada, franja horaria que coincide con la estimación forense del crimen.
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La carta de despedida: En el departamento se secuestró un escrito manuscrito por Rivero dirigido a su familia y a la de la víctima. En el texto, el acusado admitió que era tarde para pedir disculpas y que había cometido un acto que lastimaría a muchos. Para los investigadores, la carta fue redactada en el lapso transcurrido entre el ataque y la comunicación que mantuvo horas después con su expareja.
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Comportamiento posterior: Lejos de pedir auxilio de inmediato tras el supuesto suicidio de su esposa, Rivero permaneció en el interior de la vivienda realizando tareas con la ropa. Cerca de las 11:30 se comunicó con su expareja para pedirle perdón y advertirle que quería quitarse la vida, lo que derivó en la intervención de un amigo que ingresó al departamento y descubrió la escena.
Tras la audiencia de formalización, la Justicia dictó la prisión preventiva por el plazo de un año para Rivero, quien quedó formalmente imputado por el delito de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género.

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