Un instructor de pistolas Taser de la Policía de San Juan, bajo la lupa por la presunta tentativa de hurto en un supermercado
El oficial inspector abonó $76.000 en mercadería tras ser retenido por la seguridad de un local en Capital. El comercio no presentó denuncia formal, librándolo de una causa penal, pero el episodio desató fuertes réplicas en la fuerza policial.
Un delicado episodio sacude la interna de la Policía de San Juan. Un oficial inspector de la fuerza, reconocido por su rol como instructor en el manejo de pistolas Taser, quedó involucrado en un presunto hecho de hurto ocurrido en un concurrido supermercado de la Capital sanjuanina. Si bien el agente evitó una causa en la Justicia de Flagrancia tras saldar el valor de los productos, el acontecimiento generó una profunda marejada institucional.
El hecho se registró durante la noche del viernes en una sucursal ubicada sobre la avenida Benavidez. Según trascendió, el efectivo —de apellido Carrizo e integrante de las Fuerzas de Operaciones Especiales— ingresó al establecimiento vestido de civil y acompañado por otra persona. La maniobra fue detectada a través del sistema de videovigilancia del local, cuando el personal de monitoreo advirtió irregularidades en el comportamiento de los clientes.
Al momento de pasar por la línea de cajas, la pareja abonó solo una parte de la compra, intentando traspasar el límite del comercio con mercadería no declarada. Los guardias de seguridad intervinieron de inmediato en el sector de egreso para detener su marcha y solicitaron la presencia de patrulleros de la zona, dando aviso en paralelo al fuero de Flagrancia.
Frente a la llegada de sus pares e instructores judiciales, Carrizo optó por resolver la situación en el acto y abonó la suma total de los elementos retenidos, importe que ascendió a $76.000. Tras concretar el pago y emitirse el comprobante correspondiente, la firma comercial decidió no radicar la denuncia penal. En consecuencia, el fiscal de turno prescindió de iniciar acciones judiciales en el marco de la legislación procesal vigente.
Pese a haber esquivado el frente penal, la situación encendió las alarmas dentro de la cúpula policial. La condición de Carrizo como referente de un grupo de élite y su constante exposición pública como capacitador en nuevas tecnologías de seguridad provocaron un fuerte malestar institucional, por lo que no se descartan actuaciones administrativas internas para evaluar su conducta.
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