Argentina registra una caída histórica de la natalidad y se ubica entre los países con fecundidad más baja de América Latina
Un informe de la Universidad Austral advierte que los nacimientos disminuyeron un 47% en la última década y señala cambios profundos en la estructura familiar, con más hogares sin hijos y un crecimiento de las personas que viven solas.
Argentina atraviesa una transformación demográfica sin precedentes: la cantidad de nacimientos se redujo casi a la mitad en los últimos diez años y el país pasó a integrar el grupo de naciones latinoamericanas con niveles de fecundidad considerados “ultrabajos”.
Según un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Austral, la tasa de natalidad argentina refleja un cambio social profundo marcado por factores económicos, culturales y familiares. La reducción del número de hijos por mujer se combina con un aumento de hogares unipersonales y una menor presencia de familias con niños.
El informe señala que los nacimientos cayeron aproximadamente un 47% durante la última década, una disminución que modificó la pirámide poblacional y plantea nuevos desafíos para las políticas públicas vinculadas a educación, salud, trabajo y sistema previsional.
Entre las causas analizadas aparecen la incertidumbre económica, la dificultad de acceso a una vivienda, la postergación de proyectos familiares, la crisis de los cuidados y nuevas formas de organización de la vida personal. Para muchos jóvenes, la decisión de tener hijos quedó desplazada frente a otras prioridades vinculadas al desarrollo laboral y la estabilidad financiera.
Los especialistas también destacan el impacto del cambio cultural. La maternidad y la paternidad dejaron de ser consideradas etapas obligatorias dentro de los proyectos de vida, mientras crecen las elecciones de vivir solos o formar parejas sin hijos.
Argentina se suma así a una tendencia que ya atraviesan otros países de la región, donde la baja fecundidad comienza a convertirse en un fenómeno estructural. El desafío, según los expertos, será adaptar las instituciones a una sociedad con menos nacimientos y una población que envejece progresivamente.
El escenario plantea interrogantes sobre el futuro demográfico del país y la necesidad de generar condiciones que permitan a quienes desean formar una familia poder hacerlo sin que los factores económicos o sociales funcionen como una barrera determinante.
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