Gran Bretaña: disturbios racistas sacuden Belfast
Las distintas tribus de la ultraderecha local e internacional atizaron la violencia en la capital de Irlanda del Norte.
El premier británico Keir Starmer condenó los disturbios racistas en Belfast luego de que grupos de ultraderecha incendiaran vehículos, casas y colectivos en protesta por el caso de un ciudadano sudanés acusado de apuñalar a una persona en Belfast el lunes. Las palabras del primer ministro, de políticos en Irlanda del Norte y de la misma familia de la víctima que pidió un fin a los disturbios chocaron con las distintas tribus de la ultraderecha local e internacional. En la capital de Irlanda del Norte se vivió una segunda noche de violencia.
Hooligan ultraderechista
Uno de los artífices de la protesta, el hooligan ultraderechista Tommy Robinson, llamó a un virtual “inglesaso” en ciudades y pueblos. Obtuvo el apoyo de uno de sus fans, el billonario Elon Musk. En una de sus frecuentes intervenciones en la política británica Musk fustigó la inmigración y llamó a más protestas. “Only by protesting REPEATEDLY and LOUDLY Will there be any change”, escribió en X.
El martes por la noche las protestas se centraron en la Lendrick Street del este de la capital norirlandesa luego de que corriera la voz de que en esa zona había muchos inmigrantes. En unas pocas horas unas 27 personas quedaron “homeless”: la policía salvó a una familia del incendio que consumía su casa. Uno de los vecinos, Jamie Corry, de 33 años, declaró a la agencia Reuters que no había podido hacer nada por evitar que quemaran su propiedad. “Me tuve que quedar quieto a contemplar cómo mi casa quedaba envuelta en llamas. Les dije que el coche que estaban quemando era mío. No les importó”, declaró Corry.
El espectro político norirlandés olvidó por un momento diferencias que en el pasado condujeron a más de tres décadas de violencia para dar un mensaje de unidad. La primer ministra de Irlanda del Norte, Michelle O´Neill, del Sinn Fein, ala política del hoy desbandado Ejército Republicano Irlandés (IRA), describió la violencia como una “repugnante cobardía”. La familia de la víctima, Stephen Ogilvie, fue igualmente explícita. “Queremos dejar en claro que condenamos todos estos disturbios y que el único camino es la protesta pacífica. Muchos inmigrantes hacen una contribución valiosa a nuestro país. No queremos que esta tragedia sirva para dividirnos”, dijeron en un comunicado.
El video
El hecho capturado y circulado en los videos muestra como Hadi Alodid, un sudanés de 30 años, tiene atrapada a la víctima en el piso mientras la acuchilla en el cuello y la cabeza. En las imágenes se escuchan gritos desesperados de horror, “le va a cortar la cabeza”, seguros de que están presenciando una decapitación jihadista. Unos transeúntes, entre ellos uno que golpea a Alodid con un palo recogido en la calle, le salvan la vida a Ogilvie. Las imágenes empiezan a circular prefigurando el estallido.
Las protestas parecen calcadas de las que siguieron a la condena a cadena perpetua de Vickrym Digwa en Southhampton, sur de Inglaterra, la semana pasada. El 3 de diciembre Digwa, de origen indio Sikh, se había cruzado con Henry Nowack un muchacho blanco de 18 años. Un enfrentamiento verbal, seguido de un forcejeo por el celular de Nowak, terminaron con Digwa acuchillándolo.
El macabro surrealismo
El resto es macabro surrealismo. El hermano de Digwa llamó a la policía diciendo que los había atacado un muchacho blanco con epítetos racistas. Cuando la policía apareció le puso las esposas a Nowack a pesar de que este les decía que lo habían acuchillado. En el camino a la comisaría, todavía esposado, Nowack falleció.
Insólitamente el gobierno de Estados Unidos decidió sumar su voz a la de Elon Musk en apoyo a las protestas. Primero a través de un comunicado del Departamento de Estado: luego con la voz del vicepresidente. “La muerte de Henry Nowak es la muerte de una civilización. Nowak estaría acá si las élites europeas hubieran confrontado la prédica del auto-desprecio e impedido la invasión de inmigrantes”, escribió en X el vicepresidente estadounidense JD Vance el viernes pasado.
La respuesta de la oficina del primer ministro fue más contundente que la habitual genuflexión de Starmer. “En los últimos días hemos visto que hay gente que quiere interferir con nuestra democracia y agitar divisiones en nuestras calles. La familia de Nowak está de duelo por la espantosa muerte de Henry. Ellos mismo dijeron que no quieren que se use su muerte para fomentar más divisiones, odio o tensión social. Creo que deberíamos respetar sus deseos”, dijo un portavoz de Keir Starmer.
A esta tensión bilateral hay que agregarle la creciente disputa por el liderazgo de la ultraderecha inglesa. Nigel Farage encabeza desde hace 13 meses las encuestas en el Reino Unido, pero hoy se encuentra en un brete. Por un lado necesita cultivar una imagen de líder firme, pero no extremista. Por otro le están apareciendo desafíos dentro de su propio espacio.
Neonazi
Con su estilo neonazi, el pro-israelí Tommy Robinson ha convocado manifestaciones multitudinarias en los últimos dos años. En abril ha aparecido otra agrupación de ultraderecha, Restore Britain, escisión de Reform UK. El líder, Rupert Lowe, propone una deportación masiva de extranjeros, refugiados e inmigrantes. La semana próxima se estrena en unos comicios decisivos para el Reino Unido: la renovación del escaño de Makerfield, en Manchester.
En enero, el ascenso político de Farage parecía incontenible, un camino despejado por la inoperancia de Starmer que llevaba ineluctablemente a 10 Downing Street. Hoy ese camino se ha vuelto más pedregoso e incierto.
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