San Juan apuesta a la quinoa para sustituir importaciones y abrir un nuevo mercado agrícola
El desarrollo genético impulsado por el INTA y la incorporación de valor agregado posicionan a la provincia como referente nacional en un cultivo que podría reemplazar 740 toneladas anuales importadas.
San Juan busca consolidarse como una de las provincias líderes en producción de quinoa, un cultivo ancestral andino que hoy aparece como una alternativa estratégica para diversificar el agro local y sustituir importaciones que alcanzan las 740 toneladas anuales en Argentina.
El impulso surge tras más de una década de trabajo conjunto entre el INTA y productores sanjuaninos, quienes avanzaron en el desarrollo de genética adaptada a la provincia, procesos industriales y nuevos productos derivados. Ahora, el desafío pasa por aumentar la escala productiva y fortalecer la comercialización.
Uno de los principales avances fue la creación de la variedad “INTA Morillos”, una genética registrada ante el INASE que ofrece altos rendimientos, dos cosechas anuales y bajo consumo hídrico. Según los investigadores, requiere entre 200 y 300 milímetros de agua por ciclo, considerablemente menos que otros cultivos industriales tradicionales.
Además del desarrollo agronómico, San Juan logró incorporar valor agregado a la cadena productiva. Parte de la quinoa producida localmente ya se utilizó para elaborar la primera leche vegetal de quinoa comercializada en el país, mientras que otros ensayos científicos prevén utilizar quinoa sanjuanina en investigaciones vinculadas al espacio.
Otro paso clave fue la instalación de una planta de desaponificación en el INTA, única en el país, que permite realizar el tratamiento industrial necesario para mejorar la calidad del producto y acceder a mercados más exigentes. La planta tiene capacidad para procesar hasta 500 kilos diarios.
Un cultivo que despierta interés en todo el país
El crecimiento de la quinoa también comenzó a despertar interés entre productores tradicionales de otras actividades agrícolas. Durante una capacitación organizada por el INTA y el Ministerio de Producción de San Juan, participaron 90 inscriptos, muchos de ellos dedicados al tomate, ajo, cebolla y otros cultivos históricos de la provincia.
“El objetivo no es reemplazar producciones, sino sumar alternativas y diversificar”, explicó Gonzalo Roqueiro, investigador del INTA especializado en quinoa. Según detalló, uno de los beneficios agronómicos más importantes del cultivo es su capacidad para reducir la salinidad del suelo, favoreciendo la rotación agrícola.
La capacitación incluyó visitas a fincas productivas, análisis de sistemas de riego tecnificado y aplicaciones gastronómicas de la quinoa. También participaron productores de Mendoza, Córdoba y Santa Fe, atraídos por un mercado interno que actualmente depende casi por completo de las importaciones.
Un mercado con potencial de crecimiento
En Argentina, la demanda de quinoa crece año tras año debido a sus propiedades nutricionales y a su posicionamiento como “superalimento”. Sin embargo, gran parte del consumo nacional sigue abasteciéndose con producto importado.
Por eso, desde el Ministerio de Producción consideran que el próximo paso debe centrarse en consolidar la comercialización antes de expandir masivamente la superficie cultivada.
El secretario de Agricultura, Miguel Moreno, sostuvo que buscan construir un esquema de crecimiento sostenido y ordenado, similar al modelo desarrollado por el clúster tomatero en San Juan. La idea es avanzar hacia un sistema productivo profesionalizado, con siembras planificadas en función de una demanda concreta.
Además de la venta directa del grano, la quinoa abre oportunidades para industrias vinculadas a harinas, productos inflados, bebidas vegetales y alimentos funcionales con mayor valor agregado.
La genética sanjuanina como motor del desarrollo
El trabajo del INTA comenzó hace más de diez años con el rescate y evaluación de variedades adaptadas a las condiciones climáticas de la provincia. Ese proceso derivó en la creación de “INTA Morillos”, una de las pocas variedades registradas oficialmente en el país.
La genética desarrollada en San Juan permite obtener hasta 2.000 kilos por hectárea y, gracias a su ciclo corto, puede incorporarse entre campañas de otros cultivos tradicionales, optimizando el uso de la tierra y el agua.
“Gracias al trabajo técnico realizado durante años por el INTA, hoy podemos pensar seriamente en ampliar la producción y avanzar hacia nuevos mercados”, destacó Moreno.
Con avances científicos, capacidad industrial instalada y creciente interés productivo, la quinoa aparece ahora como una de las grandes apuestas del agro sanjuanino para los próximos años.
Op: Juan Llarena
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