Ahora llegó la contrapropuesta desde Sudamérica: postergar la Finalissima unos días y jugarla el martes 31 pero en el estadio Olímpico de Roma, una idea que también le cerraría a España. La pelota quedó del lado de la UEFA, que tiene en sus pies la chance o no de que se juegue un partido que parece maldito pero puede ser inolvidable.
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