Impacto en cadena: el cierre de Fate amenaza a 2.500 empleos indirectos en todo el país

La baja definitiva de la histórica fabricante de neumáticos deja 920 despidos directos y pone en jaque a cientos de pymes proveedoras. El alto multiplicador laboral del sector podría profundizar la crisis industrial.

El anuncio del cierre definitivo de Fate no solo significa la pérdida inmediata de 920 puestos de trabajo directos, sino que abre un escenario de fuerte incertidumbre para toda su cadena de valor. Por el peso que tiene la actividad en el entramado productivo, se estima que alrededor de 2.500 empleos indirectos podrían desaparecer en las próximas semanas.

La compañía, vinculada al empresario Javier Madanes Quintanilla y con más de 80 años de trayectoria, era uno de los principales actores del sector del caucho en la Argentina. Su salida del mercado genera un efecto dominó que impacta sobre metalúrgicas, firmas de logística, talleres de matricería, empresas de mantenimiento industrial y múltiples proveedores especializados.

Un sector con fuerte efecto multiplicador

De acuerdo con informes del Centro de Estudios para la Producción XXI (CEP XXI) y relevamientos de la Unión Industrial Argentina (UIA), la fabricación de neumáticos presenta uno de los multiplicadores de empleo más elevados de la industria manufacturera. Por cada puesto directo, se generan entre 2,1 y 2,8 empleos adicionales en la cadena productiva.

Trasladado al caso de Fate, ese coeficiente implica que casi tres trabajadores indirectos dependen de cada operario en planta. Así, el cierre no solo golpea a quienes integraban la nómina de la empresa, sino también a cientos de pymes cuya facturación estaba atada en gran medida —e incluso en algunos casos en su totalidad— al gigante del neumático.

Desde el sector proveedor reconocen que el impacto es inevitable. “Habrá un efecto y de eso no hay dudas. El alcance dependerá de la estructura financiera de cada empresa y de su capacidad de diversificar clientes”, señalaron fuentes industriales.

Una crisis que se arrastraba

La delicada situación de la compañía no surgió de manera repentina. En 2019 había iniciado un proceso preventivo de crisis y, lejos de revertirse, el deterioro continuó hasta un nuevo procedimiento en 2024. Entre ambos períodos, cerca de 1.000 trabajadores ya habían sido desvinculados, en paralelo con la caída de la producción.

Los números reflejan ese retroceso: de fabricar unos cinco millones de neumáticos anuales en 2019, la empresa pasó a operar con apenas el 30% de su capacidad instalada y una producción cercana a 1,5 millones de unidades antes del cierre definitivo.

La UIA había advertido sobre el deterioro del rubro en su Monitor de Desempeño Industrial de noviembre de 2024, donde el sector del caucho encabezaba la caída manufacturera con una baja interanual del 22,2%. Esa tendencia anticipaba las dificultades financieras que ahora golpean con mayor fuerza a toda la red de proveedores.

Incertidumbre para las pymes

La mayor vulnerabilidad recae en aquellas pequeñas y medianas empresas que dependían casi exclusivamente de Fate. Sin margen para reconvertirse en el corto plazo ni cartera alternativa de clientes, muchas enfrentan ahora un escenario crítico.

El cierre reabre además el debate sobre la competitividad de la industria local frente al ingreso de productos importados y el impacto de la apertura comercial en sectores con fuerte generación de empleo. Mientras tanto, el efecto cascada ya comenzó a sentirse y el temor es que la pérdida de puestos indirectos profundice aún más la crisis en el entramado industrial argentino.

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