¿Qué indican los médicos ante el avance de la gripe H3N2? Lo que hay que saber
Crecen los casos en distintas provincias. Ya se confirmó el primer fallecimiento en el país. Especialistas insisten en la prevención y la vacunación.

El avance de la gripe A (H3N2) volvió a encender las alertas del sistema sanitario en la Argentina. La confirmación del primer deceso asociado a esta variante, sumada al aumento sostenido de casos en varias provincias, ubicó nuevamente a la influenza en el centro de la escena epidemiológica. Se trata de un subtipo con alta circulación a nivel mundial, que ya fue detectado en más de 34 países y que muestra una rápida expansión desde agosto de 2025.
Especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA advierten que, si bien la mayoría de los cuadros cursan de manera leve, existen grupos de riesgo en los que la enfermedad puede evolucionar hacia formas graves. Por ese motivo, recomiendan reforzar las medidas de cuidado, mantener al día la vacunación antigripal y consultar de manera temprana ante la aparición de síntomas compatibles.
Según explicó la Dra. Ana Putruele (MN 55.966), médica neumóloga y docente del Hospital de Clínicas, el H3N2 es “un subtipo de influenza muy importante” que puede presentar una gran variabilidad clínica. El cuadro típico se manifiesta con fiebre elevada (38 °C o más) y una combinación de síntomas respiratorios y generales.
Entre los signos más frecuentes se destacan tos persistente, que puede extenderse entre dos y tres semanas, dolor de garganta, dolores musculares, fatiga intensa, cefalea, debilidad general y congestión nasal. En la mayoría de los casos, la evolución es similar a la de un cuadro gripal común, pero los especialistas advierten que no debe subestimarse.
La médica señaló que algunas personas pueden desarrollar complicaciones, como neumonía, infecciones del oído o de los senos paranasales. El riesgo aumenta en quienes presentan enfermedades cardíacas o pulmonares, como insuficiencia cardíaca o asma, y también en pacientes con diabetes u otras patologías crónicas.
Grupos de riesgo y señales de alerta
De acuerdo con los especialistas, los niños menores de 5 años, los adultos mayores de 65, y las personas con trastornos cardíacos, pulmonares, hepáticos o de la sangre integran los principales grupos de riesgo frente a la gripe H3N2. En estos casos, se recomienda extremar los cuidados y no demorar la consulta médica.

Existen además signos de alarma que requieren atención inmediata en una guardia. Entre ellos se incluyen fiebre mayor a 39 °C, falta de aire, malestar general intenso, dolores musculares o articulares muy importantes, síntomas que se prolongan más de 10 días y la aparición de manifestaciones cardíacas o respiratorias. En personas con EPOC severo o asma grave, la consulta urgente es clave si no hay mejoría con analgésicos o antitérmicos.
El diagnóstico se confirma mediante pruebas de laboratorio, como hisopado, PCR, cultivo o panel viral, que permiten identificar el subtipo de influenza involucrado.
Prevención, vacunación y tratamiento
Frente al aumento de casos, los especialistas insisten en la prevención como principal herramienta. Entre las medidas recomendadas se encuentra vacunarse contra la gripe, ya que la vacuna antigripal actual incluye protección frente al H3N2. Si bien no evita completamente el contagio, reduce de manera significativa las formas graves de la enfermedad. La Dra. Putruele aconseja su aplicación entre febrero y marzo.
También se subraya la importancia de ventilar los ambientes, dado que la transmisión ocurre principalmente por las vías respiratorias, sobre todo en espacios cerrados y con alta concentración de personas. A esto se suma el lavado frecuente de manos con agua y jabón o alcohol en gel, cubrirse al toser o estornudar y evitar el contacto cercano con personas con síntomas gripales, incluyendo no compartir mate, vasos u objetos personales.

Otra recomendación central es no automedicarse: el uso de antivirales debe ser indicado exclusivamente por un profesional de la salud. Ante la presencia de síntomas, se aconseja respetar el reposo, permanecer en el hogar durante el período de enfermedad y mantener una adecuada hidratación, con una ingesta diaria estimada de 2,5 a 3,5 litros de agua en adultos sanos.
El tratamiento combina, en los casos indicados, antivirales, reposo y medidas de cuidado general. La duración habitual del cuadro es de 5 a 7 días, aunque algunos síntomas pueden persistir hasta dos semanas.
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